A mediados de este año, Bugatti comenzará a entregar a sus clientes las primeras unidades del Tourbillon (solo se fabricarán 250 unidades de forma artesanal), un espectacular hipercoche híbrido con 1.800 CV, cuyo precio base parte de unos 3,8 millones de euros, pero que con impuestos y personalización puede superar incluso los 5 millones.
Su precio da una idea de la exclusividad de este modelo en el que cada detalle está calculado a la perfección. Por ejemplo, mientras muchos hipercoches modernos se comunican con sus conductores a través de píxeles y pantallas, el Bugatti Tourbillon adopta un enfoque completamente diferente.
Y es que el cuadro de instrumentos analógico de este impresionante modelo de Bugatti es un logro técnico y artístico, fruto de la convergencia de la precisión relojera y la ingeniería automotriz al más alto nivel. El último episodio de la serie documental «Una Nueva Era», que acaba de publicar la marca en su canal de YouTube (ver abajo) revela los extraordinarios detalles que se esconden tras esta obra maestra mecánica.
Bugatti Tourbillon: un modelo atemporal
El nombre Tourbillon refleja la filosofía Bugatti de atemporalidad mecánica. A diferencia de sus los coches anteriores de la marca, cuyos nombres estaban inspirados en pilotos de carreras legendarios, este último hipercoche toma su nombre directamente de un invento relojero creado en 1801 que revolucionó la medición del tiempo al contrarrestar los efectos de la gravedad. Más de 200 años después, sigue siendo venerado como la cumbre de la relojería.
Esta filosofía y la elección del nombre exigían que el Bugatti Tourbillon presentara componentes atemporales, motivo por el que se pensó en un cuadro de instrumentos totalmente analógico, ensamblado a mano en Concepto, una manufactura suiza especializada en alta relojería.

Un cuadro de instrumentos que está compuesto nada más y nada menos que por más de 650 componentes individuales ensamblados y producidos con técnicas relojeras tradicionales y acabados con el mismo cuidado que se encuentra en los mejores relojes del mundo. Es decir, una obra maestra dentro de una obra maestra.
Valérien Jaquet, CEO y fundador de Concepto reconoce que diseñar el cuadro de instrumentos del Bugatto Tourbillon ha sido todo un reto a la vez que explica que se trata del tipo de proyecto que motiva enormemente a los equipos de desarrollo y diseño, y a todos los involucrados, «porque el resultado final es realmente espectacular», añade.
Un reto técnico

Los desafíos técnicos fueron formidables. El equipo de fabricación debía combinar la precisión mecánica de la alta relojería con la electrónica automotriz capaz de seguir el ritmo del rendimiento del Tourbillon. «Estos componentes, completamente ajenos a la relojería tradicional, debían integrarse a la perfección con elementos mecánicos acabados a mano», explican desde Concepto.
Por otro lado, la diferencia de escala entre la relojería tradicional y su aplicación automotriz representó un desafío único para el equipo de Concepto. Mientras que los relojes suelen medirse en milímetros, los módulos del panel de instrumentos del Tourbillon son mucho mayores. Sin embargo, a pesar de este drástico aumento de escala, se requirió la misma meticulosa atención al detalle y los rigurosos estándares de acabado de la alta relojería. Ninguna de las herramientas de relojería convencionales resultó adecuada, lo que requirió el desarrollo de métodos y equipos completamente nuevos, creados específicamente para este proyecto.
Detalles que marcan la diferencia: artesanía en cada milímetro

El panel del Tourbillon exhibe una gama de técnicas de acabado tradicionalmente reservadas para los relojes más selectos. Los clientes pueden elegir entre diversos acabados decorativos, como Clous de Paris, guilloché radial, tapiz y patrones de motor que hacen referencia al lenguaje de diseño histórico de Bugatti, así como opciones altamente exclusivas del mundo de las gemas como la aventurina. Cada opción se presenta a los clientes como muestras físicas, lo que les permite ver de primera mano el acabado en lugar de depender de representaciones digitales.
Los rubíes funcionales sirven como joyas de apoyo; no son un detalle estético, sino el material óptimo para reducir la fricción en los movimientos mecánicos. El cristal de zafiro, las estructuras esqueletizadas y las agujas acabadas a mano garantizan que cada componente visible cumpla con los exigentes estándares de Bugatti y Concepto.
Por otra parte, los engranajes han sido diseñados específicamente para el Tourbillon, lo que los hace únicos para el coche y la marca. Con 650 componentes individuales, las posibilidades de personalización son prácticamente infinitas. Los clientes pueden especificar acabados, materiales y detalles de formas imposibles con los tableros digitales convencionales.
«Podrías imaginarlo como un coche dentro de otro coche, porque tiene su propio, digamos, corazón. Como un reloj, tienes el motor y todos los mecanismos, y creas tu propia pieza, tu propio diseño. Aquí, es lo mismo: el cuadro de instrumentos es una pieza independiente dentro del coche, pero pertenece al conjunto», señala Alejandra Tavares, Diseñadora de interiores y experta en individualización en Bugatti Rimac.
Construido para durar 100 años

«La atemporalidad es uno de los pilares fundamentales de Bugatti», afirma Hendrik Malinowski, Director General de la marca. «Creamos automóviles pensados para ser admirados no solo hoy, sino también dentro de 100 años».
Ese compromiso con la longevidad explica por qué Bugatti rechazó las pantallas digitales —destinadas a quedar obsoletas— en favor de un cuadro de instrumentos mecánico que fusiona ingeniería automotriz de vanguardia con artesanía relojera atemporal.
El resultado es un hipercoche que desafía las tendencias actuales del sector y apuesta por valores que trascienden las modas tecnológicas: precisión mecánica, artesanía tradicional y belleza duradera.








