Tipos de bujías: la referencia equivocada dispara el consumo y puede tumbar la ITV

Cambiar las bujías no es solo cuestión de material: la referencia, la rosca y el grado térmico los fija el fabricante y hay que respetarlos. Elegir por parecido o por precio suele acabar en fallos de encendido.

Elegir mal entre los tipos de bujías dispara el consumo, provoca tirones y puede dejarte fuera de la ITV.

Los tipos de bujías que existen y qué aporta cada uno

En un motor de gasolina, la bujía genera la chispa que enciende la mezcla de aire y combustible dentro del cilindro. Si esa chispa salta mal, la combustión pierde eficiencia y el motor lo nota enseguida.

La clasificación más útil atiende al material del electrodo, porque de él dependen la durabilidad y la estabilidad de la chispa. Estas son las familias que te vas a encontrar:

Publicidad
  • Cobre o níquel. Las más tradicionales y económicas. Buena conductividad térmica, funcionamiento correcto en motores convencionales y desgaste del electrodo más rápido.
  • Platino. Resisten mejor el desgaste que las convencionales y mantienen el rendimiento durante más kilómetros.
  • Iridio. Electrodos más finos, chispa precisa y estable y mayor durabilidad. Su precio es más alto que el de una bujía convencional.
  • Dobles o multielectrodo. Incorporan más de un electrodo de masa para alargar la vida útil. También hay bujías específicas por grado térmico, adaptadas a la temperatura de trabajo del motor.

Ojo a esto: el material no lo es todo. Dos bujías con la misma rosca pueden tener especificaciones distintas, así que también cuentan la longitud, el grado térmico, la separación de electrodos, el par de apriete y, sobre todo, la referencia que fija el fabricante. Montar otra de material diferente sin comprobar si el motor está preparado es la vía directa al fallo de encendido.

Una bujía de iridio no mejora nada si no es la referencia que pide el motor: la chispa correcta depende del conjunto, no del apellido.

Checklist rápida

#Qué revisarDetalle clave
1Referencia y roscaDeben coincidir con el manual del vehículo. Elegir por marca o parecido físico no basta.
2Grado térmico y separación de electrodosUna separación fuera de tolerancia acelera el desgaste; algunas vienen ajustadas de fábrica y no deben tocarse.
3Par de apriete y compatibilidadApretar de más o de menos daña la culata o la bujía. Con dudas, es trabajo de taller.

Cómo saber qué bujías lleva tu coche

La respuesta corta: el manual del vehículo o la referencia exacta que te faciliten en un taller. Nada de decidir por marca, material o apariencia, porque dos bujías muy parecidas por fuera pueden tener especificaciones distintas.

Antes de comprar o de montar nada, merece la pena comprobar estos puntos:

  • Referencia indicada por el fabricante.
  • Tipo de motor y versión exacta del vehículo.
  • Longitud y diámetro de rosca.
  • Grado térmico.
  • Separación entre electrodos.
  • Par de apriete recomendado y compatibilidad con las bobinas.

Y cuidado con la calibración: algunas bujías llegan ajustadas de fábrica y no deben tocarse si el fabricante lo indica.

Los síntomas que avisan antes de la avería

Con el uso, el electrodo central se desgasta y el arco de la chispa se agranda. La combustión se vuelve menos eficiente y el coche empieza a dar señales que conviene no ignorar:

  • Tirones al acelerar y ralentí irregular.
  • Arranque difícil, sobre todo en frío.
  • Pérdida de potencia y aumento del consumo.
  • Testigo de avería del motor encendido y olor a gasolina sin quemar.
  • Vibraciones anormales en el motor.

Eso sí: no todo lo que parece una bujía gastada lo es. Una bobina defectuosa, unos inyectores sucios o un problema en la admisión dan síntomas muy parecidos, así que sustituir piezas sin diagnóstico es la forma más cara de acertar.

Publicidad

Lo que cuesta llegar tarde

Según las tarifas medias del sector, un juego de cuatro bujías de níquel ronda los 20 o 30 euros y las de iridio pueden triplicar esa cifra. La mano de obra del cambio suele quedarse entre 40 y 80 euros. La operación no se repite cada año: el intervalo lo marca el manual, y las bujías de platino o iridio aguantan bastantes más kilómetros.

El problema llega cuando se retrasa. Un fallo de encendido mantenido castiga la bobina, ensucia la combustión y dispara el gasto de gasolina. En un coche de gasolina las emisiones también se resienten, y eso se mide en la ITV: una combustión desajustada puede convertir una inspección rutinaria en un segundo intento con reparación previa.

Publicidad

La regla es sencilla: si el coche arranca mal, da tirones o gasta más de lo habitual, acude a un taller de confianza para un diagnóstico antes de cambiar nada. Y si solo toca mantenimiento, respeta la referencia del fabricante. Apunta la próxima sustitución de bujías y tu fecha de ITV: son dos citas que es mejor no juntar.

🛠️ Guía rápida: revisión y mantenimiento

  • Lo que debes revisar: la referencia exacta de las bujías, la rosca, el grado térmico y la separación de electrodos; además de los síntomas de encendido (tirones, arranque difícil, ralentí irregular).
  • Cómo hacerlo: consulta el manual del vehículo para la referencia y el par de apriete. El cambio es accesible con herramienta adecuada, pero si hay testigo de avería o tirones, primero un diagnóstico profesional.
  • Cuánto cuesta: entre 20 y 60 euros el juego de cuatro bujías según material, más entre 40 y 80 euros de mano de obra; ignorar el fallo encarece la reparación muy por encima de esa cifra.