El Volkswagen New Beetle RSi número 176 de 250 sale a subasta con 18.000 km y un 3.2 VR6

De los 250 ejemplares construidos, la mayoría salió en Silver Arrow Metallic; este conserva el interior Tropical Orange y una puesta a punto completa fechada en julio de 2026. El coche se matriculó por primera vez en Japón y pasó después por una colección privada alemana.

El Volkswagen New Beetle RSi número 176 de 250 ha aparecido en Bring a Trailer con 18.000 kilómetros y su VR6 de 3.2 litros original.

Hubo un tiempo en que el Grupo Volkswagen parecía dispuesto a decir sí a casi todo. Sobre la plataforma PQ34 del Golf IV se levantó un escarabajo retro-moderno nacido de un concept de 1994 —firmado por J Mays y Freeman Thomas—, y aquel ejercicio de nostalgia terminó teniendo ramificaciones que nadie había previsto. La más extrema es este RSi: carrocería ensanchada, tracción total y un V6 que, sobre el papel, nunca debería haber cabido bajo un capó tan redondo.

El punto de partida fue la New Beetle Cup, la copa monomarca con la que Volkswagen animó sus fines de semana a comienzos de los 2000. De aquellos coches llegó la receta estética —pasos de rueda abultados, paragolpes con tomas mayores, difusor trasero—, presentada en el Salón de Detroit de 1999. La serie se cerró en 250 ejemplares, cada uno con su placa numerada grabada en el túnel central.

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La carrocería ancha no es un kit de catálogo: los aletines están integrados en la chapa, los paragolpes son específicos y sobre la luneta trasera aparece un segundo alerón que se suma al montante elevado del portón. La mayoría de las unidades salió en Silver Arrow Metallic —código LG9R—, y este 176 no es la excepción. Los escapes dobles del sistema Remus se integran en el faldón posterior, junto a una luz antiniebla que delata el trabajo de un departamento de vehículos especiales y no el de un preparador improvisado.

Dentro, el ejercicio se vuelve de laboratorio. Los Recaro de respaldo rígido en fibra de carbono van tapizados en cuero Tropical Orange con calefacción, los paneles de puerta son de carbono y las ventanillas suben con manivela y manecilla de aluminio mecanizado. No es una regresión por ahorro: es una declaración de intenciones que deja al descubierto hasta qué punto el RSi se pensó como objeto y no como coche de uso diario. El botón de arranque vive junto al freno de mano, detrás está la placa grabada con el 176 de 250, y el equipo de sonido se refugia en una consola superior forrada de Alcantara.

Un New Beetle con ventanillas de manivela, paneles de carbono y una placa numerada: el RSi no fue un ejercicio de lujo, sino de carácter.

El VR6 de 3.2 litros y la tracción Haldex

Bajo el capó, el VR6 de 3.2 litros rendía 221 hp según la ficha de la época —224 CV— y 320 Nm de par. Conviene recordar la arquitectura: seis cilindros en un V de ángulo tan cerrado que las dos bancadas comparten una única culata. El recurso permite alojar un seis cilindros donde cabría un cuatro y explica un timbre que no se parece al de ningún otro V6 de su generación.

El cambio manual de seis relaciones con desarrollos cerrados envía el par a las cuatro ruedas mediante un embrague Haldex. En condiciones normales el eje trasero va prácticamente desacoplado; el acoplamiento llega cuando la electrónica detecta diferencia de giro entre ejes. No es una tracción total permanente de vocación deportiva, sino un recurso de motricidad que aquí sirve, sobre todo, para contener el subviraje que un delantero de 224 CV y morro cargado tendería a desarrollar.

Muelles, amortiguadores y frenos específicos completan el chasis, con llantas OZ Racing Superturismo de 18 pulgadas calzadas con 235/40 en las cuatro esquinas; esta unidad monta Continental SportContact 7. El velocímetro está graduado hasta 280 km/h y el cuentarrevoluciones entra en zona roja a 6.200 rpm, con testigos LED de cambio. Volkswagen nunca pretendió que el coche llegara tan lejos. Pretendía que quien se sentara dentro no lo olvidara.

2001 volkswagen new beetle rsi interior bring a trailer Motor16

De Japón a Florida: la vida del ejemplar 176

La procedencia es uno de los argumentos más sólidos del lote, y el listado oficial del lote la documenta con detalle. El coche se matriculó por primera vez en Japón en 2001, pasó después a una colección privada alemana y a lo largo de 2026 lo adquirió el vendedor actual. El odómetro digital marca menos de 18.000 kilómetros —unas 11.000 millas—, de los que apenas 162 millas se han sumado bajo la propiedad presente.

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Tras un largo periodo detenido, en julio de 2026 se le practicó una puesta a punto completa: aceite y filtro con Liqui Moly 5W-40, batería nueva, filtro de aire, bujías, filtro de combustible, correa auxiliar y tensor, revisión del circuito de refrigeración, inspección de la caja con cambio de aceite, aceite de diferencial y servicio del Haldex. También se atendieron frenos y dirección asistida. Se entrega con manual del propietario, registros de mantenimiento y título de Florida.

Ahí está el matiz que un comprador europeo debe sopesar. El historial japonés y el título estadounidense añaden una importación con su tramitación y su coste, y la documentación disponible es la que aporta el vendedor, no un archivo continuo de concesionario desde 2001. En un coche que ha pasado años parado, la revisión del Haldex y de los retenes importa más que el brillo de la pintura.

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Lo que el mercado joven empieza a ver en el RSi

Durante casi dos décadas el RSi fue el patito feo de la familia: caro cuando era nuevo, incómodo para encontrar repuesto y demasiado excéntrico para el comprador de youngtimer convencional, que prefería un Golf R32 o un Audi TT de 3.2 litros. La jerarquía se ha ido invirtiendo. El R32 se produjo en una cifra incomparablemente mayor y su cotización refleja esa abundancia; del RSi existen 250, y la cifra no admite discusión porque está grabada en cada coche.

En el coleccionismo de los 2000 la escasez sola no basta: hace falta una historia que contar. El RSi la tiene, y no es amable. Nació como un coche que nadie había pedido, se vendió con una tarifa que espantaba al comprador racional y durante años fue motivo de sorna entre los puristas del escarabajo original. Hoy esa misma anomalía es su mejor carta: es el New Beetle que Volkswagen fabricó sin calcular el retorno, y eso, en un objeto de 2001, se ha convertido en un valor en sí mismo.

Los criterios para valorar una unidad son los de siempre, con un matiz propio: originalidad por delante de cualquier mejora, historial continuo y kilometraje bajo. El color ayuda menos de lo que parece —la mayoría es Silver Arrow— y es el interior Tropical Orange, con sus Recaro de carbono, lo que distingue a un RSi de otro. El riesgo, aquí, es la tentación del restomod: cambiar suspensión, escape o llantas en un coche que ya salió de fábrica con todo lo que se le suele poner después resta más de lo que suma.

Con series tan cortas, cualquier media de cotización engaña: cada venta es un caso. El remate de este lote valdrá tanto como referencia de mercado como de estado de conservación. Y hay un calendario que corre a favor del coche: según el Reglamento de Vehículos Históricos, un ejemplar matriculado por primera vez en 2001 cumple este año —o roza— los 25 años de antigüedad que abren la puerta a la matrícula histórica. El RSi deja de ser youngtimer para entrar, con todas las consecuencias, en el territorio del clásico. No es casualidad que el mercado haya empezado a mirarlo de otra manera.