Volkswagen hizo una apuesta muy fuerte con el ID.3, el modelo encargado de inaugurar esta nueva familia de coches 100 % eléctricos. No en vano, la marca alemana lo llegó a situar como el heredero del Golf y del Beetle, sus dos modelos más legendarios. Como era de esperar, la ambiciosa apuesta no salió todo lo bien que se esperaba…
El ID.3 fue renovado en 2024, con cambios que solucionaban algunos de los defectos más importantes. No obstante, cuando no han pasado ni dos años, se está gestando otra puesta al día de este compacto que, a buen seguro, no tendrá reemplazo directo (su hueco lo ocupará un futuro ID. Golf).
Pudimos ver las primeras imágenes del Volkswagen ID.3 rediseñado a principios de año, y desde entonces la evolución del compacto eléctrico alemán no ha dejado de crecer. No es casualidad: Volkswagen es plenamente consciente de que la gama ID necesita reforzar su atractivo estético, mejorar la experiencia de uso y elevar la percepción de calidad para consolidarse como una alternativa real y emocionalmente deseable dentro del mercado de los eléctricos. El ID.3, como uno de los pilares de esta familia, se convierte ahora en el laboratorio perfecto para materializar esa nueva filosofía.

A primera vista, el frontal es donde se concentran los cambios más relevantes. Los faros delanteros aparecen camuflados en las imágenes de prueba, unidos por una calcomanía que llama inmediatamente la atención y que anticipa un diseño más cohesionado y moderno. La entrada de aire inferior, también disimulada, refuerza esta sensación y parece inspirarse directamente en el lenguaje estético del actual ID.3 GTX, aportando un carácter más deportivo y tecnológico. El resultado es un conjunto más expresivo, con una presencia visual que busca alejarse de la imagen excesivamente neutra del modelo original.
Uno de los aspectos más interesantes es la adaptación del frontal del futuro ID. Polo al ID.3. Esta decisión estratégica no solo refuerza la coherencia de la gama eléctrica de Volkswagen, sino que también aporta un aire más fresco y elegante al compacto. El nuevo diseño frontal presenta líneas más limpias, una firma lumínica más definida y un equilibrio visual que mejora notablemente la percepción de dinamismo. En términos de posicionamiento, el ID.3 pasa a verse menos como un experimento eléctrico y más como un turismo compacto plenamente integrado en la tradición estilística de la marca.
Pero si el exterior evoluciona, el interior da un auténtico golpe de timón. Tras las fuertes críticas recibidas por la anterior generación, Volkswagen ha decidido escuchar a sus clientes y recuperar los botones e interruptores clásicos. Los controles deslizantes táctiles del volante y del climatizador, que generaron no poca frustración por su falta de precisión y ergonomía, se sustituyen ahora por botones físicos claramente identificables. Además, el volumen vuelve a controlarse mediante un mando giratorio, una solución simple, intuitiva y universalmente apreciada.
Este regreso a la lógica del control físico supone mucho más que una simple corrección de diseño. Representa un reconocimiento explícito de que la digitalización no siempre equivale a una mejor experiencia de usuario, especialmente en un entorno como el automóvil, donde la seguridad y la facilidad de uso deben primar sobre cualquier tendencia estética. En este sentido, el nuevo ID.3 se alinea con una corriente cada vez más extendida en la industria: la de combinar pantallas y sistemas avanzados con interfaces físicas claras y directas.

La calidad percibida también se ve reforzada de manera notable gracias a la introducción de materiales mejorados en el interior. Se espera un uso más generoso de superficies blandas, tejidos de mayor calidad y ajustes más precisos. Todo ello contribuirá a crear un ambiente más premium y acorde con las expectativas de un vehículo que, en muchas versiones, compite directamente con compactos de combustión bien establecidos y con propuestas eléctricas cada vez más sofisticadas.
En el apartado técnico, la evolución será igualmente significativa. El ID.3 rediseñado estrenará una nueva generación de celdas de batería, capaces de ofrecer mayor autonomía y tiempos de carga más cortos. Este es un punto clave para reforzar la competitividad del modelo, ya que la eficiencia energética y la rapidez de recarga siguen siendo factores decisivos para muchos compradores que todavía dudan en dar el salto definitivo a la movilidad eléctrica.
Además, está prevista la llegada de una versión básica equipada con baterías LFP (fosfato de hierro y litio). Esta tecnología, menos costosa y más resistente a ciclos de carga intensivos, permitirá reducir el precio de acceso al modelo sin comprometer la fiabilidad ni la seguridad. Aunque las baterías LFP suelen ofrecer una menor densidad energética que las de iones de litio tradicionales, su durabilidad y estabilidad térmica las convierten en una opción muy interesante para versiones de enfoque urbano y periurbano.
Con todos estos cambios, el Volkswagen ID.3 rediseñado apunta a convertirse en un producto mucho más maduro, equilibrado y competitivo. La marca no solo corrige errores pasados, sino que redefine su enfoque hacia una movilidad eléctrica más emocional, práctica y alineada con las expectativas reales de los usuarios. Está previsto que su presentación oficial tenga lugar en el segundo trimestre de 2026, un momento clave en el que Volkswagen deberá demostrar que ha aprendido de la experiencia acumulada y que está preparada para afrontar una etapa decisiva en la consolidación de su estrategia eléctrica.
Galería de imágenes espía del Volkswagen ID.3 2026
Fotos: SHProshots
































