La movilidad en las ciudades españolas ha cambiado radicalmente en los últimos años. La llegada de nuevas normativas medioambientales, junto con la implantación de las ZBE, ha obligado a adaptarse a un sistema de clasificación que determina qué vehículos pueden circular y cuáles tienen restricciones. En ese contexto, el distintivo ambiental (V-25) se ha convertido en un elemento imprescindible.
La «etiqueta de la DGT», como la llaman muchos conductores, ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta clave para regular el tráfico en ciudades con problemas de contaminación. La V-25 no solo identifica el nivel de emisiones de cada vehículo; también determina si puede acceder a determinadas zonas urbanas, aparcar en ciertas áreas o beneficiarse de ventajas fiscales y de circulación.
1La V-25 nace con las ZBE
La implantación de la V-25 está directamente relacionada con la aplicación de la Ley de Cambio Climático y la obligación de que las ciudades de más de 50.000 habitantes cuenten con una Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Estas áreas limitan el acceso a los vehículos más contaminantes con el objetivo de mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones de gases nocivos.
Para poder aplicar las restricciones, los ayuntamientos utilizan la clasificación de la Dirección General de Tráfico (DGT), que asigna cada distintivo según la eficiencia energética y el impacto medioambiental del vehículo. Ese adhesivo es la V-25, una pegatina que debe colocarse en el parabrisas y que permite identificar rápidamente el nivel de emisiones del coche.

