Dejar a los niños en el cole, ir al supermercado o a cualquier otro sitio al que podrías llegar andando en pocos minutos… Son pequeños hábitos que todos hacemos a diario con nuestro coche, pero que a largo plazo te podrían salir caros.
David, que lleva toda la vida trabajando como mecánico, reconoce que «los coches que solo hacen trayectos cortos son los que más problemas acaban dando, aunque tengan pocos kilómetros». Es un patrón que se repite y que tiene una explicación bastante lógica detrás.
El problema es que, cuando hacemos trayectos de menos de 15 minutos, el coche pasa más tiempo funcionando en frío que en condiciones normales. Y eso, a la larga, te puede salir caro.
1El motor de tu coche no llega a trabajar como debería
Al arrancar el coche, el motor está frío, y eso significa que el aceite no fluye con la misma facilidad que en caliente y que las piezas internas no están aún en su punto ideal. Para entendernos, es como si el motor trabajara en una ‘fase de adaptación’. Los motores actuales rinden mejor cuando alcanzan una temperatura estable, pues la lubricación es correcta y la combustión, mucho más eficiente.
En recorridos cortos, el motor no puede alcanzar esa temperatura óptima, porque lo apagas mucho antes. Como si empiezas a correr y te paras varios minutos después cuando todavía estás calentando.
«El coche no se rompe por un trayecto corto puntual. El problema ocurre cuando haces lo mismo todos los días«, explica David. El uso continuo en frío acaba generando más desgaste del que cabría esperar por los kilómetros recorridos. Además, no todos los sistemas del coche funcionan igual en frío. El catalizador o el sistema de escape, por ejemplo, necesitan temperatura para poder hacer bien su trabajo y, si no, baja la eficiencia.

