Cuando cae una buena lluvia en carretera, muchos conductores se dan cuenta de que no todos los neumáticos se comportan igual. Hay quien siente que sus ruedas “deslizan” o que el coche tarda más en frenar, incluso a velocidades moderadas. Esto no es casualidad: no todos los neumáticos están diseñados para rendir bien en superficies mojadas, y elegir el adecuado puede marcar la diferencia entre llegar seguro o exponerse a un susto innecesario.
Para entenderlo mejor, hablamos con Diego (44), jefe de taller con más de dos décadas de experiencia en mantenimiento y neumática, quien nos explica por qué, en lluvia, un neumático bien elegido y cuidado no es un lujo, sino una pieza clave de seguridad. Y también qué tres requisitos deben cumplir para que verdaderamente cumplan su función cuando más se necesitan.
2Compuesto de goma: equilibrio entre agarre y durabilidad
El segundo requisito que Diego subraya es el compuesto de goma del neumático, es decir, de qué está hecho el neumático a nivel químico. Para que un neumático funcione bien en lluvia, el material debe ser flexible y con buena adherencia incluso a temperaturas bajas o en superficies húmedas.
Los neumáticos que rinden mejor en lluvia suelen tener alto contenido en sílice en su compuesto, lo que ayuda a mantener la goma flexible y pegada a la carretera incluso cuando está fría o mojada. Además, este tipo de compuestos favorece la evacuación del agua sin sacrificar agarre y estabilidad.
Diego añade: “Un neumático adecuado para lluvia no solo debe tener buen dibujo, sino también un compuesto que mantenga su flexibilidad cuando el asfalto está frío y mojado”. Si la goma es demasiado dura, pierde capacidad de adherencia en superficies con agua, lo que se traduce en un mayor riesgo de deslizamiento y una sensación de inseguridad. Por eso, muchos fabricantes diseñan compuestos específicos para condiciones húmedas que están equilibrados para ofrecer agarre sin que se desgasten demasiado rápido en condiciones normales.







