Seguro que te has fijado en cuánto ha subido el precio de los coches nuevos en los últimos años. No es solo sensación tuya, sino una realidad que está afectando a todos los conductores en Europa. Pero, ¿por qué está pasando esto realmente?
Katrin Adt, la máxima responsable de Dacia, tiene muy clara la respuesta y no ha dudado en señalar al culpable. Su mensaje es directo y fácil de entender. No se trata solo de la inflación o de que los materiales sean más caros. Hay un factor que está empujando los precios hacia arriba de forma imparable, y tiene que ver con los despachos de Bruselas.
El peso de las normativas en tu bolsillo

Cuando vas a comprar un coche, esperas pagar por el motor, por el diseño, la comodidad y la tecnología que disfrutas al conducir. Sin embargo, buena parte del precio tiene que ver con sistemas que no has pedido, pero que la Unión Europea obliga a instalar. Katrin Adt explica que el departamento de investigación y desarrollo de las marcas gasta muchos recursos solo en cumplir con estas reglas. No se trata de mejorar el coche para que a ti te guste más, sino de modificarlo para que pase el examen de los políticos.
En concreto, la responsable de Dacia afirma que hasta un 25% de todos los recursos de ingeniería se pierden en responder a estas normativas, una cuarta parte de todo el trabajo de los ingenieros. Al final, todo ese tiempo y esfuerzo de los trabajadores especializados tiene un coste muy alto que acaba reflejado en la factura final que tú pagas en el concesionario.
Los coches han subido su precio un 40 por ciento en cinco años

Si comparas lo que costaba un coche pequeño hace cinco años con lo que cuesta hoy, verás que la diferencia es enorme. Katrin Adt pone una cifra exacta a este problema. Asegura que el 40% del aumento de precio que hemos visto en este último lustro se debe directamente a las regulaciones. Es una cifra impactante. Significa que, si un coche ha subido 5.000 euros, casi la mitad de esa subida no es porque el coche sea mejor o más potente, sino porque lleva instalados sensores, sistemas y componentes obligatorios por ley.
Esta situación genera un gran hastío en las marcas, sobre todo en aquellas como Dacia que buscan ofrecer siempre el precio más bajo posible. Para una marca que se centra en lo esencial, cada nueva norma es una piedra en el camino. La directiva pide que se congelen estas regulaciones porque el ritmo actual es insostenible para el bolsillo del ciudadano medio. Si las leyes siguen cambiando cada pocos meses, los ingenieros tienen que volver a trabajar sobre coches que ya estaban terminados. Ese trabajo extra de rediseñar lo ya diseñado es carísimo, y tú eres quien lo financia al comprar el vehículo.
El laberinto de las nuevas leyes europeas

Lo que viene por delante no parece que vaya a mejorar las cosas. La previsión para los próximos años es que se introduzcan hasta 107 nuevas normativas en el Viejo Continente. Es una cantidad de burocracia difícil de imaginar. Cada una de estas leyes obligará a los fabricantes a cambiar piezas, añadir software o modificar la estructura de los vehículos. Aunque el objetivo teórico es que los coches sean más seguros, el efecto secundario es que se vuelven productos de lujo que mucha gente ya no puede permitirse.
Además, hay un riesgo muy real del que advierte Adt: la desaparición de modelos. Cuando cumplir una ley sale más caro que el beneficio que da vender el coche, las marcas deciden dejar de fabricarlo. Esto suele pasar con los coches más pequeños y baratos, que son los que más sufren estas imposiciones. Al final, el mercado se queda con menos opciones y las que quedan son mucho más costosas. Te encuentras en una situación donde quieres un coche sencillo para el día a día, pero te obligan a comprar uno cargado de sistemas que encarecen el producto final sin que tú lo hayas elegido.
La competencia es otro punto clave en este escenario. Con la llegada de nuevas marcas, en especial desde China, el mercado se ha vuelto muy agresivo. Marcas como Dacia piden que la competición sea justa. Si las marcas europeas tienen que cumplir con centenares de normas nuevas que encarecen el producto, pero otras marcas de fuera juegan con otras reglas o costes, el mercado se desequilibra.
Es un momento de cambio importante y estar bien informado es la única manera de entender por qué, la próxima vez que preguntes por un coche, el precio te parecerá mucho más alto que la última vez.








