Soraya tiene 33 años y aunque no trabaja en el sector del automóvil, es conductora y ecologista. De hecho, señala que hay un problema muy evidente con los neumáticos usados del que no se está hablando tanto como debería.
«Cambiamos de ruedas como quien cambia de camisa, pero nadie se pregunta dónde acaban esos neumáticos», explica Soraya. Los miles de neumáticos que quedan fuera de la circulación se acumulan en vertederos de todo el mundo y ocupan espacio. Pero ese no es el mayor de los problemas, porque se degradan muy fácilmente y generan riesgos ambientales y sanitarios.
El problema no es nuevo, pero sí que empieza a haber soluciones para reducir el volumen de esos neumáticos. ¿Es suficiente?
Qué pasa con los millones de neumáticos de los vertederos

Los neumáticos son uno de los residuos más complicados, porque su composición está pensada para condiciones exigentes (calor, fricción y peso durante miles de kilómetros). El problema es que parte de esa resistencia se mantiene cuando las ruedas dejan de ser aptas para circular, así que no se deshacen bien y ocupan mucho espacio.
Para entenderlo mejor: solo en Estados Unidos se desechan cada año cerca de 300 millones de neumáticos, según datos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). A escala global, hablamos de cientos de millones más, en línea con el crecimiento del parque móvil en todo el mundo. En la mayoría de países terminan en espacios habilitados, pero en los que no hay tanto control, fácilmente acaban en vertederos ilegales o abandonados.
Otro de los problemas de esta situación es que los neumáticos acumulados arden fácilmente y los incendios no son precisamente fáciles de extinguir. Y como también retienen agua, suelen ser un foco de insectos de transmisores de enfermedades. «No es un residuo pasivo. Está ahí, molesta y genera riesgos«, señala Soraya.
Cómo se puede convertir un neumático en asfalto

Una de las vías que más terreno ha ganado para darle una nueva vida a los neumáticos es reutilizarlos en la construcción de carreteras. Es un proceso bastante sencillo que pasa por ‘triturar’ las ruedas usadas, separar sus componentes y convertir el caucho en un granulado fino. Ese material después se incorpora a las mezclas asfálticas para las carreteras.
En países como Estados Unidos o Brasil hay normativas técnicas que regulan el uso del caucho reciclado en el asfalto y ya se utiliza en las obras públicas. Es más, el asfalto de las carreteras necesita un gran volumen de neumáticos para esa mezcla, pues imagina que es necesario asfaltar miles de kilómetros. En cambio, otros usos no necesitan tanta cantidad.
«Si es una solución tan buena, ¿por qué no se usa ya en todas partes?«, se pregunta Soraya. La respuesta apunta a varios factores, como los costes iniciales, la falta de estandarización, decisiones políticas y resistencia al cambio en un sector que está muy regulado.
¿Este nuevo uso de los neumáticos es tan ecológico como parece?

Soraya, en calidad de ecologista, advierte de que tampoco es una solución tan limpia como parece. Por un lado, el asfalto con caucho reciclado es más resistente a las grietas y a la deformación, sobre todo en vías que absorben mucho tráfico de vehículos pesados. Así que a la larga es un ahorro en mantenimiento.
Y también es un asfalto mucho más silencioso, porque normalmente el asfalto con neumáticos reciclados reduce el ruido de la rodadura entre 3 y 6 decibelios. Una ventaja significativa en entornos urbanos que mejora la contaminación acústica y la calidad de vida.
Ahora bien, ¿es todo tan bonito? En absoluto. Los últimos estudios señalan que el desgaste del asfalto puede liberar compuestos presentes en los neumáticos, como metales o hidrocarburos, sobre todo con la lluvia y el paso del tiempo. «Reciclar en carreteras es mejor que enterrar el problema, pero no es suficiente con eso», explica Soraya para zanjar el debate.








