Las carreteras esconden historias que van mucho más allá del asfalto que vemos a simple vista. Una de las más llamativas tiene que ver con los neumáticos usados, un residuo complejo y voluminoso que durante décadas ha sido un quebradero de cabeza para administraciones y fabricantes. Hoy, esas montañas de gomas parecen haber encontrado una segunda vida como parte del firme de nuestras vías.
La idea es tan atractiva como polémica: convertir un problema ambiental en una solución técnica. El asfalto cauchutado, elaborado a partir de neumáticos fuera de uso, promete carreteras más duraderas y silenciosas. Pero no todos ven este ‘oro negro’ con los mismos ojos. Ecologistas como David alertan de que el debate no puede quedarse solo en las ventajas, sino que debe analizarse qué ocurre realmente con los neumáticos y su impacto a largo plazo.
7Una solución parcial dentro de un problema mayor
El consenso empieza a dibujarse en un punto intermedio. Convertir neumáticos viejos en carreteras más resistentes no es ni la panacea ni un desastre ambiental inevitable. Es una herramienta más, útil si se aplica con criterios técnicos rigurosos, controles ambientales y transparencia en los datos.
Es el reflejo de los retos actuales del sector: innovar para mejorar prestaciones y sostenibilidad sin perder de vista el impacto real. El futuro de los neumáticos y de las carreteras pasa por combinar reciclaje, investigación y, sobre todo, un cambio en la forma en la que entendemos la movilidad. Porque el verdadero debate no está solo en qué hacemos con los neumáticos viejos, sino en cuántos seguimos generando cada año.








