El precio del combustible es uno de los problemas que más preocupan a los españoles a corto plazo, pues estamos sufriendo la inestabilidad y las decisiones alrededor de la guerra en Oriente Medio. En este momento, el precio medio en España de la gasolina 95 es de 1,572 euros por litro, mientras que el diésel se sitúa en 1,913 euros por litro y ya roza la barrera de los 2 euros.
Para contener la crisis energética, el Gobierno puso en marcha a mediados del mes de marzo un paquete de medidas que supera los 5.000 millones de euros para contener el impacto en los precios. Sin embargo, no convence a todo el mundo.
«Bajar impuestos ayuda, pero no cambia el fondo del problema«, reconoce Daniel, experto en movilidad con años de experiencia analizando el comportamiento del transporte. Además, avisa de que hay otro ‘truco’ para ahorrar combustible que pasa por coger menos el coche.
El precio del combustible no baja solo con impuestos

El Gobierno ha aprobado una serie de medidas fiscales para intentar aliviar el impacto del aumento del precio del combustible. Entre ellas, destaca la reducción del IVA del 21% al 10% en gasolina, gasóleo y otros hidrocarburos. A priori, debería ser un ahorro directo para los conductores.
A esto se le suma una rebaja del impuesto sobre hidrocarburos hasta el mínimo permitido por la normativa europea. Estos ajustes fiscales sirven para frenar el encarecimiento de la energía en un contexto de incertidumbre internacional.
La rebaja del IVA de los combustibles supondrá un ahorro de unos 507 millones de euros, según datos del propio Ejecutivo. Por su parte, la reducción del impuesto sobre hidrocarburos añade otros 656,5 millones de ahorro estimado. Eso debería verse reflejado en el surtidor y así fue los primeros días, aunque FACUA ha denunciado que 1 de cada 4 gasolineras ha subido los precios tras las rebajas fiscales del gobierno.
El gobierno también ha aprobado ayudas específicas, como los 20 céntimos por litro de gasóleo profesional para ciertos sectores. «Todo esto ayuda, pero sigue siendo una solución reactiva«, apunta Daniel. Es decir, estamos actuando sobre el precio, pero no sobre el consumo, y aquí está el matiz a tener en cuenta.
Medidas que van más allá del precio

Si miramos el problema desde otra perspectiva, el ahorro de combustible no depende solo del coste, sino de cuánto consumimos. Y ahí entran en juego otras medidas.
Por ejemplo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha planteado otro tipo de soluciones que afectan directamente al comportamiento de los conductores. Por ejemplo, reducir la velocidad en autopistas podría disminuir el consumo entre un 5% y un 10%, según estimaciones de la propia agencia. En España ya tuvimos una medida parecida en 2011, aunque solo duró unos meses, cuando se redujo la velocidad máxima de 120 a 110 km/h.
Otra propuesta es la de fomentar el teletrabajo. Según la AIE, trabajar desde casa tres días a la semana puede reducir entre un 2 y un 6% el consumo de combustible a nivel nacional. En el plano individual, el ahorro puede ser aún más importante para nuestro bolsillo.
También usar el transporte público en la medida de lo posible. Es evidente que no siempre es la opción más cómoda, sobre todo en personas que tienen horarios complicados o viven en zonas más alejadas, pero evitar el uso del vehículo privado reduce la demanda energética.
«No se trata de dejar de usar el coche, sino de usarlo mejor«, reconoce Daniel. Se refiere más bien a pequeños gestos que pueden aliviar la crisis energética, tanto a nivel individual como colectivo, al reducir la velocidad a la que circulamos, no depender tanto del coche y pedir teletrabajo siempre que sea posible.


