Sobiesław Zasada ha ganado 148 rallies y tres veces el campeonato de Europa; a los 96 años, sigue cruzando el Atlántico para volver a sentarse en un Porsche de competición.
La escena tiene algo de anacronismo deliberado. Porsche ha llevado al veterano piloto polaco de vuelta a Argentina —el país donde firmó una de las victorias mayores de su carrera— y ha aprovechado el viaje para ponerle bajo los pies un 911 Dakar con la librea de su viejo coche de carreras. No es un homenaje abstracto: es la reconstrucción de un episodio concreto, con dorsal incluido.
Conviene medir al personaje antes de entrar en el detalle. Zasada compitió en más de cuarenta países y ganó pruebas en cinco continentes, según el recuento que maneja la propia marca. A eso se suma una longevidad competitiva que roza lo inverosímil.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: en octubre de 1967, un Porsche 911 rojo apodado Porschito ganó la clasificación general del Gran Premio Internacional de Turismo argentino frente a casi 400 inscritos, varios de ellos con respaldo de fábrica.
- No te lo puedes perder: Zasada y su copiloto, el ingeniero Jerzy Dobrzański, se comunicaban por intercomunicación, un sistema que hasta entonces no se había empleado en competición en aquel país.
- Datos y cifras: 96 años, 148 victorias, tres títulos europeos y ocho campeonatos polacos, según el recuento difundido por Porsche con motivo del regreso del piloto a Argentina.
Octubre de 1967: 1.864 millas, barro y un 911 llamado Porschito
El Gran Premio Internacional de Turismo que se disputó en octubre de 1967 no se parecía a lo que hoy llamamos rally. El itinerario superaba las 1.864 millas —unos 3.000 kilómetros— y encadenaba montaña, desierto y llanuras anegadas. La inscripción rondó los cuatro centenares de equipos, algunos con apoyo oficial de fábrica. Ganar allí exigía algo más que velocidad: pedía resistencia mecánica y una lectura del terreno impecable.
Zasada se presentó con un Porsche 911 rojo que el equipo bautizó como Porschito. A su derecha viajaba Jerzy Dobrzański, ingeniero de formación y copiloto de oficio. La pareja llevó a la prueba un sistema de intercomunicación entre piloto y copiloto —hoy un lugar común, entonces una ventaja tangible— que, según el relato difundido con el homenaje, no se había utilizado antes en competición en aquel país.
El resultado fue doble: victoria de clase C y victoria en la general. Sobre la carrocería lucía el número 405, el mismo que Porsche ha trasladado ahora a la librea del 911 Dakar con el que se ha evocado la gesta.
Un intercomunicador y un copiloto ingeniero valían en 1967 más que veinte caballos extra: la información fue la primera pieza de competición.
Tres coronas europeas y ocho títulos polacos
Aquel episodio argentino es el más fotogénico, pero no resume una carrera larguísima. Zasada fue tres veces campeón de Europa de rally y ocho veces campeón de Polonia, una trayectoria construida primero con los 356 de competición y después con los 911 de los años sesenta.
- Tres campeonatos de Europa de rally.
- Ocho campeonatos nacionales de Polonia.
- 148 victorias en pruebas disputadas en cinco continentes.
La marca añade dos cifras más al currículum: más de cuarenta países visitados en competición y cerca de 1,86 millones de millas recorridas, algo más de tres millones de kilómetros. El dato procede de Porsche y conviene leerlo con la cautela que merece todo cómputo promocional. No es un registro de homologación, sino la suma que conviene al relato.
Aquella prueba, además, quedaba fuera del calendario europeo. De ahí que el triunfo se contara siempre como algo distinto: una victoria de expedición.
Por qué Porsche ha rescatado ahora a Zasada
La operación encaja en un patrón reconocible. Porsche sostiene su memoria deportiva sobre dos columnas —la resistencia y el rally— y la segunda necesita nombres propios que aguanten el relato. Recurrir a un protagonista vivo, con 96 años y ganas declaradas de repetir, resulta más eficaz que cualquier aniversario de catálogo: hay biografía, hay coche y hay una frase que ningún gabinete de prensa habría sabido escribir.
El soporte material es el 911 Dakar, la variante de vocación campera del deportivo de Zuffenhausen. La librea del ejemplar de homenaje reproduce el esquema del coche de 1967, número 405 incluido, y junto a él Porsche presentó una réplica del Porschito original, de modo que las dos generaciones del modelo quedaron confrontadas en la misma imagen.
Sobre el ejemplar auténtico, el que rodó por Argentina en 1967, la información difundida no aclara qué fue del coche: se habla de réplica y de homenaje, no de restauración ni de localización del chasis. La distinción no es menor. Un coche que ha competido y conserva su historia vale más que una copia fiel, y el coleccionista experimentado lo sabe desde la primera puja.
Merece la pena detenerse en el intercomunicador, que fue el verdadero hallazgo técnico de aquella victoria. En 1967, hablar con claridad a lo largo de casi 3.000 kilómetros no estaba resuelto; quien lo conseguía ganaba segundos en cada nota y, sobre todo, reducía los errores de navegación. Que el copiloto fuese ingeniero cierra el círculo: la pareja operaba como un sistema de adquisición de datos antes de que existiese el concepto. El relato de la marca, disponible en su sala de prensa, insiste en ese detalle porque explica mejor que ninguna ficha técnica por qué ganó un equipo privado frente a estructuras oficiales.
Para el aficionado que sigue el mercado, la lección es de trazabilidad. Un 911 de los sesenta con victoria general documentada, piloto identificado y equipo de fábrica detrás pertenece a otra categoría que un 911 de calle restaurado con esmero. La procedencia es lo que separa ambos mundos, y homenajes como este no hacen sino subrayarlo.
Queda el calendario. En octubre de 2027 se cumplirán sesenta años de aquel triunfo, y el viaje a Argentina ha dejado el terreno abonado. Zasada lo resumió a su manera: ‘La carrera fue hace 59 años y, si hoy fuese exactamente como entonces, la volvería a correr, incluso con mis 96 años’. No parece una frase de cortesía. Quien quiera reconstruir su biografía completa tiene en su entrada enciclopédica el punto de partida.

