Por fin ha salido el sol. Después de varias semanas de lluvias y borrascas, nos acercamos poco a poco a un tiempo más primaveral que invernal, también en la carretera. Así que ahora toca hacer una revisión a fondo a tu coche para que no sufra las consecuencias de las lluvias.
El agua se puede colar perfectamente en cualquier recoveco y provocar desgaste, humedad y pequeños daños que pueden causar una avería más grave. El problema es que no suelen ser fallos inmediatos, sino que suelen aparecer días después, cuando ya se te ha olvidado la época de lluvias.
Limpia a fondo después de la lluvia y controla la humedad

El primer paso después de las lluvias de las últimas semanas es mirar debajo del coche, es decir, los bajos y los pasos de rueda. Suelen ser los grandes olvidados después del invierno, y lo peor es que en ellos se acumula mucho barro, restos de aceite, sal y suciedad que favorecen la corrosión.
No tienes excusa para no lavar el coche a fondo, porque basta con un buen lavado con una manguera a presión para eliminar los residuos. Al final, cuanto más tiempo permanezca la suciedad adherida al chasis, mayor es el riesgo de oxidación.
Revisa también la zona bajo el parabrisas, porque suelen acumularse hojas y restos que, al mezclarse con agua, pueden obstruir los drenajes. Si el agua no evacúa bien, puede terminar filtrándose hacia el interior e incluso afectar a componentes eléctricos.
Dentro del habitáculo, ojo si hueles mucho a humedad o si notas que, por ejemplo, los cristales se empañan más de lo habitual. Puede que la tapicería haya retenido agua, y en este caso la solución es un deshumidificador de gel en sílice. También hay otras soluciones ‘caseras’, como colocar carbón activo o arroz durante un par de noches.
Y si tu coche duerme en garaje y es seguro hacerlo, deja las ventanillas bajadas un par de centímetros para que circule el aire y la humedad salga.
Estos son los elementos del coche que más sufren cuando llueve

Hay elementos dentro del coche que sufren más que otros durante la época de lluvias. Por ejemplo, las escobillas del limpiaparabrisas. Si hacen ruido, dejan marcas o no limpian bien, es porque la goma está deformada o agrietada y te toca cambiarlas.
Revisa también el estado de los neumáticos. El agua oculta baches y bordillos que podrían haber golpeado la estructura, aunque no hayas notado nada durante la conducción. Comprueba la presión y busca cortes o bultos en los flancos. Y si el volante vibra o el coche se va hacia un lado con el volante recto, puede haber un problema de alineación.
En los frenos, puede aparecer una capa de óxido superficial después de varios días de lluvia y de humedad. Por ejemplo, es normal que aparezca un ligero chirrido al frenar en seco, pero suele desaparecer pronto. En cambio, si el ruido es persistente o notas vibraciones en el pedal, mejor que hagas una visita al taller.
No te olvides tampoco de las gomas de las puertas, porque la humedad y el frío pueden resecarlas o hacer que se peguen. Existen productos específicos para tratarlas y alargar su vida útil. Y ya que te pones, echa un vistazo a los bornes de la batería. Ya de por sí, es un elemento que sufre mucho en invierno, sobre todo al arrancar en frío, así que detectar cualquier señal de corrosión te va a evitar muchos quebraderos de cabeza a largo plazo.
No hace falta que seas experto ni que lleves tu coche al taller después de esta época de lluvias. Son pequeñas comprobaciones básicas que no te llevarán apenas tiempo y que puedes realizar sin ser profesional.

