A finales de los años 90, cuando la industria automovilística china apenas daba sus primeros pasos, un veterano modelo español sirvió de punto de partida para una revolución con repercusión global. El Seat Toledo de primera generación, un sedán sobrio y robusto, acabaría siendo, sin pretenderlo, el ‘padre’ del primer Chery y, por extensión, de las marcas Omoda y Jaecoo que hoy inundan los mercados internacionales.
Lo que comenzó como una simple venta de maquinaria y licencias de producción se convirtió en la piedra angular de un imperio automovilístico. El Chery Fulwin (o Chery Cowin) fue el primer coche de la marca china, y su ADN técnico provenía directamente de Martorell. Sin aquel Seat Toledo ‘de palo’, la historia del motor en China —y del propio mercado global actual— habría sido radicalmente distinta.
5El legado de un Seat que cambió el rumbo del motor
El Toledo ‘de palo’, como algunos lo apodaron en tono despectivo, terminó siendo una pieza clave en la expansión de la industria automovilística china. Lo que comenzó como un acuerdo de reutilización de moldes se transformó en una auténtica transferencia de conocimiento, que permitió a Chery dar el salto al desarrollo propio.
Actualmente, el grupo Chery es de los mayores exportadores de automóviles de China, con presencia en más de 80 países y una red de producción que rivaliza con la de grandes fabricantes europeos. Sin aquel acuerdo con Seat, probablemente marcas como Omoda y Jaecoo no existirían. O, al menos, no habrían alcanzado el nivel de sofisticación que hoy muestran.








