Siete en una: Así es la espectacular rotonda inglesa que desafía todas las normas

Un laberinto de siete glorietas que, a pesar de su caótico diseño, es un modelo de seguridad y eficiencia.

Imagina por un momento que vas conduciendo tranquilamente y, de repente, te encuentras con una rotonda parece diseñada por alguien que quería poner a prueba tu paciencia y tu habilidad al volante. No se trata de una exageración ni de una leyenda urbana. En Reino Unido hay un lugar donde conviven siete rotondas en una sola estructura, un auténtico laberinto circular que lleva más de medio siglo dejando con la boca abierta a propios y extraños.

Si alguna vez has pensado que las rotondas de tu barrio son complicadas, es porque todavía no has visto cómo se las gastan los británicos en este cruce donde confluyen seis de las vías más importantes de la zona. Es una obra de ingeniería que, aunque parezca el caos absoluto, ha agilizado el tráfico de una forma sorprendente.

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Siete glorietas en una sola rotonda

Magic Routabound
Fuente: Wikipedia (Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=72662)

Lo que hace que esta estructura sea única es su composición. No es solo una rotonda gigante con muchos carriles. Se trata de una gran circunferencia exterior que alberga en su interior una rotonda central y cinco pequeñas glorietas satélite que orbitan a su alrededor. Es como una especie de sistema solar de asfalto. Cuando entras, no te limitas a girar en un sentido, sino que vas saltando de una pequeña glorieta a otra para llegar a tu destino.

Es importante recordar que en el Reino Unido se conduce por la izquierda. Sin embargo, la Rotonda Mágica tiene un truco que confunde incluso a los conductores más experimentados. Mientras que en las cinco rotondas exteriores y en el anillo exterior se circula en el sentido de las agujas del reloj, en la gran rotonda central ocurre justo lo contrario. Allí se circula en el sentido inverso a las agujas del reloj, igual que hacemos en Europa. Es decir, conviven dos sentidos de giro opuestos en apenas unos metros de distancia.

El funcionamiento es más sencillo de lo que parece si se siguen las reglas básicas. Cada una de las cinco pequeñas rotondas exteriores actúa como un filtro. Cuando te aproximas a una de ellas, tienes que ceder el paso a los que ya están dentro, como en cualquier otra glorieta del mundo. La clave está en decidir qué camino tomar para llegar a tu salida.

Puedes elegir bordear todo el complejo por el anillo exterior, girando siempre a la izquierda, o puedes aventurarte por el centro utilizando la rotonda interior si eso te permite acortar camino. Aquí es donde entra en juego la preferencia de paso: los vehículos que están dentro de las cinco rotondas pequeñas siempre tienen prioridad sobre los que intentan entrar desde el anillo central o el exterior. Es un baile constante donde los conductores se van cediendo el paso gracias a los dibujos pintados en el asfalto para evitar dudas.