En la última semana, cada vez que pasamos por delante de una gasolinera y miramos el tótem de precios de la gasolina no podemos evitar sentir un escalofrío. Y es normal, porque ver cómo el litro ha subido tanto en apenas unos días hace que a cualquiera le tiemble el bolsillo.
La razón con la que nos bombardean a diario es que la culpa de todo la tiene la situación geopolítica en Irán y los conflictos internacionales. Pero la realidad es mucho más compleja y tiene matices que te afectan cada vez que aprietas el gatillo del surtidor.
4La cadena de costes antes de llegar al surtidor
No podemos olvidar que, además de los impuestos y el petróleo crudo, hay otros gastos que influyen en el precio final. Una vez que el petróleo sale del suelo en algún lugar remoto del mundo, tiene que ser transportado en enormes petroleros hasta las refinerías. Refinar el petróleo es un proceso industrial complejo y costoso que consume mucha energía. Si el precio de la electricidad o del gas sube, el coste de refinar gasolina también aumenta.
Después del refinado, el combustible debe ser almacenado y distribuido por toda la red de gasolineras del país mediante camiones cisterna. Cada paso de esta cadena añade unos céntimos al precio que tú ves en la pantalla del surtidor. Las petroleras y los dueños de las estaciones de servicio también tienen sus propios márgenes de beneficio, aunque estos suelen ser mucho más pequeños de lo que la gente suele pensar. Al final, lo que pagas es la suma de una larguísima lista de intermediarios y procesos técnicos, a los que se suma la enorme tajada que se lleva Hacienda.
Seguro que te has fijado en un fenómeno muy común: cuando el petróleo sube, la gasolina sube al día siguiente a una velocidad increíble. Sin embargo, cuando el petróleo baja, parece que a las gasolineras les cuesta mucho más reducir sus precios. Esto es lo que los economistas llaman el efecto cohete y pluma. Los precios suben como un cohete ante las malas noticias, pero bajan lentamente como una pluma cuando la situación mejora.
Esto ocurre en parte por los costes de inventario de las estaciones de servicio, que compraron el combustible que tienen en sus tanques a un precio alto y no quieren venderlo con pérdidas. Pero también ocurre porque la estructura de impuestos que hemos comentado antes amortigua cualquier bajada. Si los impuestos representan la mitad del precio y son fijos, aunque el coste del producto baje a la mitad, el precio final solo bajará un 25%. Por eso tienes esa sensación constante de que repostar nunca vuelve a ser tan barato como antes.


