En la última semana, cada vez que pasamos por delante de una gasolinera y miramos el tótem de precios de la gasolina no podemos evitar sentir un escalofrío. Y es normal, porque ver cómo el litro ha subido tanto en apenas unos días hace que a cualquiera le tiemble el bolsillo.
La razón con la que nos bombardean a diario es que la culpa de todo la tiene la situación geopolítica en Irán y los conflictos internacionales. Pero la realidad es mucho más compleja y tiene matices que te afectan cada vez que aprietas el gatillo del surtidor.
1El conflicto en Irán no explica todo lo que se paga por la gasolina
Es muy fácil echarle la culpa de todo a la guerra. Y es verdad que cualquier tensión en el Estrecho de Ormuz o en los países productores de petróleo genera nerviosismo inmediato en los mercados internacionales. El petróleo es una materia prima muy sensible, y cualquier amenaza al suministro hace que el precio del barril suba como la espuma. Sin embargo, si analizamos los números, la cotización del crudo es solo una pieza de un puzle mucho más grande.
Cuando llenas el depósito de tu coche, no estás comprando petróleo en bruto. Estás comprando un producto procesado, transportado y, sobre todo, muy gravado por el Estado. Por eso, aunque la guerra de Irán acabara mañana mismo, el precio de la gasolina no volvería a los niveles anteriores de inmediato. Hay factores estructurales en el sistema español que mantienen los precios altos de forma constante, sin importar lo que ocurra a miles de kilómetros.


