Seguro que alguna vez has mirado al cielo gris, has visto caer las primeras gotas y has pensado que hoy no te hará falta lavar el coche. La naturaleza va a hacer el trabajo por ti y la lluvia lo dejará impecable sin que tengas que gastar un euro.
En realidad ese es uno de los errores más peligrosos y caros que puedes cometer con tu vehículo. La lluvia no es tu aliada, sino más bien un cómplice que puede terminar arruinando la salud de tu coche sin que te des cuenta, hasta que sea demasiado tarde.
El peligro que se esconde cuando llueve sobre tu coche

Cuando llega el invierno y las temperaturas bajan, las máquinas quitanieves salen a trabajar esparciendo toneladas de sal por todas las carreteras. Esta sal es excelente para derretir el hielo y evitar que tu coche patine, pero para el metal de tu vehículo es puro veneno. La sal no se queda quieta en el suelo, sino que al circular, tus neumáticos la proyectan hacia arriba mezclada con agua y barro.
Esta mezcla crea una especie de pasta corrosiva que se pega con mucha fuerza a zonas que no ves a simple vista. Se mete en los pasos entre la carrocería y los neumáticos, se abraza a las suspensiones y se deposita sobre los sistemas de freno. Si piensas que la lluvia va a lavar eso, estás muy equivocado. El agua de lluvia apenas tiene fuerza para arrastrar esa costra de sal y suciedad. Al contrario, la humedad de la lluvia puede activar todavía más el poder corrosivo del cloruro sódico, acelerando el proceso de oxidación de las piezas metálicas más importantes de tu coche.
La lluvia puede ser un enemigo para la pintura

Existe la falsa creencia de que el agua de lluvia es pura, pero la realidad es que cuando atraviesa la atmósfera de nuestras ciudades, se carga de agentes químicos y partículas de polución. Cuando esa agua se seca sobre la carrocería de tu coche, deja una capa de residuos que poco a poco va devorando el brillo de la pintura. Si dejas que tu coche se «lave» solo con la lluvia de forma recurrente, notarás que con el tiempo el color se vuelve mate y la textura de la chapa se vuelve rugosa.
El mantenimiento preventivo es la mejor forma de ahorrar dinero a largo plazo. Un coche que no se lava en invierno está expuesto a que esos ácidos y sales penetren en las microfisuras de la pintura. Una vez que la corrosión llega al metal, la reparación ya no consiste en un simple lavado, sino en pasar por el taller de chapa y pintura, lo cual te va a costar muchísimo más dinero que unos cuantos lavados a presión durante la temporada de frío.
El momento ideal para lavar el coche

Lavar el coche cuando hace mucho frío requiere una estrategia inteligente. No puedes ir a cualquier hora porque podrías causar un problema mayor. Busca las horas centrales del día, preferiblemente entre las doce y las tres de la tarde. En ese momento, el sol está en su punto más alto y la temperatura suele ser más agradable. Si intentas lavar el coche a primera hora de la mañana o cuando ya está anocheciendo, corres el riesgo de que el termómetro baje de los cero grados.
Si el agua se congela mientras estás lavando el coche o justo después, podrías encontrarte con que no puedes abrir las puertas. El agua se mete en las cerraduras y las gomas de las juntas y, al congelarse, actúa como un pegamento. Si intentas forzar la puerta para entrar, podrías romper los sellos de goma o incluso dañar el mecanismo de apertura. Por eso, lo mejor es lavar el coche cuando la temperatura ambiente esté por encima de los cuatro o cinco grados.
Cuando vas a un lavadero, la mayoría de la gente se centra en que el capó y las puertas queden brillantes para que el coche luzca bonito. Sin embargo, para cuidar la mecánica, lo más importante es lo que no se ve. Usa la lanza de agua a presión para limpiar a fondo los bajos del coche. Tienes que agacharte un poco y proyectar el agua hacia el interior de las ruedas y hacia toda la parte inferior del chasis.
Es ahí donde se acumula el grueso de la sal y el barro invernal. Si consigues eliminar esos residuos cada semana o cada dos semanas, estarás protegiendo elementos críticos como los latiguillos de freno o los ejes de la suspensión. Un latiguillo de freno que se oxida por culpa de la sal acumulada puede terminar agrietándose, lo que supondría una pérdida de líquido de frenos y un peligro inmenso para tu seguridad y la de los tuyos. La limpieza en invierno no es un capricho estético, es una medida de seguridad activa.








