El control del tráfico en las ciudades ya no se limita solo a la velocidad o a las emisiones contaminantes. Desde hace meses, una nueva herramienta comienza a ganar protagonismo en el asfalto urbano: el radar de ruido. Un sistema que no mide cuántos kilómetros por hora circula un vehículo, sino cuántos decibelios emite al pasar por un punto concreto.
Madrid, Barcelona y Málaga han sido las primeras ciudades españolas en implantar estos sensores acústicos de forma real y con capacidad sancionadora. El objetivo es claro: reducir la contaminación acústica, uno de los grandes problemas de salud pública en entornos urbanos. Y el mensaje para los conductores es directo: ya no basta con cumplir los límites de velocidad, ahora también hay que vigilar el sonido del motor.
5Málaga: el radar de ruido llega al sur
La ciudad de Málaga se ha sumado recientemente a esta tendencia y ya cuenta con sensores acústicos en fase operativa. La ciudad andaluza busca frenar el ruido generado por motos y coches en zonas céntricas y turísticas, donde el descanso vecinal es especialmente delicado.
El límite se sitúa en torno a los 85 decibelios, y las multas parten de los 90 euros. Desde el consistorio se recuerda que no solo las motos con escapes modificados están en el punto de mira, sino también los coches con sistemas de escape deteriorados. Aquí, el radar actúa también como elemento educativo. Muchos conductores desconocen que un silencioso roto o una válvula defectuosa puede convertir su vehículo en una fuente de ruido sancionable.








