El control del tráfico en las ciudades ya no se limita solo a la velocidad o a las emisiones contaminantes. Desde hace meses, una nueva herramienta comienza a ganar protagonismo en el asfalto urbano: el radar de ruido. Un sistema que no mide cuántos kilómetros por hora circula un vehículo, sino cuántos decibelios emite al pasar por un punto concreto.
Madrid, Barcelona y Málaga han sido las primeras ciudades españolas en implantar estos sensores acústicos de forma real y con capacidad sancionadora. El objetivo es claro: reducir la contaminación acústica, uno de los grandes problemas de salud pública en entornos urbanos. Y el mensaje para los conductores es directo: ya no basta con cumplir los límites de velocidad, ahora también hay que vigilar el sonido del motor.
4Barcelona: ruido bajo vigilancia constante
Barcelona lleva años luchando contra la contaminación acústica y los radares de ruido encajan perfectamente en su estrategia urbana. En la ciudad condal, estos sistemas se han instalado en zonas con alta densidad de tráfico y en calles donde las quejas vecinales eran constantes.
El radar mide el sonido real del vehículo en circulación, no el ruido homologado en ficha técnica. Esto significa que un coche perfectamente legal en origen puede ser sancionado si su mantenimiento no es adecuado o si el conductor fuerza el motor. Las sanciones en Barcelona pueden alcanzar los 600 euros en los casos más extremos, especialmente si el exceso de decibelios es muy elevado o se produce en horario nocturno.








