El control del tráfico en las ciudades ya no se limita solo a la velocidad o a las emisiones contaminantes. Desde hace meses, una nueva herramienta comienza a ganar protagonismo en el asfalto urbano: el radar de ruido. Un sistema que no mide cuántos kilómetros por hora circula un vehículo, sino cuántos decibelios emite al pasar por un punto concreto.
Madrid, Barcelona y Málaga han sido las primeras ciudades españolas en implantar estos sensores acústicos de forma real y con capacidad sancionadora. El objetivo es claro: reducir la contaminación acústica, uno de los grandes problemas de salud pública en entornos urbanos. Y el mensaje para los conductores es directo: ya no basta con cumplir los límites de velocidad, ahora también hay que vigilar el sonido del motor.
2Por qué el ruido del tráfico es un problema serio
La contaminación acústica no es solo una molestia puntual. La Organización Mundial de la Salud lleva años advirtiendo de sus efectos negativos sobre la salud: estrés, problemas de sueño, dificultades de concentración y aumento del riesgo cardiovascular.
En las grandes ciudades, el tráfico rodado es la principal fuente de ruido. Motos con escapes abiertos, coches deportivos acelerando en zonas urbanas y vehículos antiguos con sistemas de escape deteriorados contribuyen a un entorno sonoro cada vez más agresivo. Por eso, los ayuntamientos han empezado a ver el radar de ruido como una herramienta complementaria a las zonas de bajas emisiones y a los controles de emisiones. No se trata solo de contaminar menos, sino también de hacer menos ruido.








