La situación en Venezuela está que arde tras la detención de su presidente por parte de Estados Unidos. Y muchos se esperaban la imagen del precio del combustible por las nubes.
Es el miedo de siempre, ese que nos dice que cualquier chispa en un país petrolero va a afectar a nuestra cartera. Sin embargo, esta vez el peligro real no viene de las decisiones de Washington, sino de algo mucho más cercano y cotidiano que se cocina en los despachos de Bruselas y Madrid, y que podría cambiar el precio mucho antes de lo que imaginas.
El efecto de Venezuela en el mercado real del crudo

Es normal que pienses que si hay lío en un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, el precio va a subir de inmediato. Pero la realidad es que la infraestructura petrolera de Venezuela está tan deteriorada que el mercado ya no depende de ella tanto como antes.
Los analistas internacionales y las agencias más importantes, como la EIA de Estados Unidos, manejan datos que apuntan en la dirección opuesta a lo que dicta el miedo. De hecho, se espera que el precio del barril baje durante este primer trimestre de 2026. Por lo tanto, esa angustia que sientes al ver los telediarios no debería traducirse en un encarecimiento del combustible que compras para ir a trabajar.
De hecho, el precio de la gasolina depende de una combinación de factores mucho más compleja que un simple conflicto político. Entran en juego el valor del euro frente al dólar, los márgenes de beneficio que se quedan las refinerías y, sobre todo, el tiempo. El petróleo que se compra hoy no es el que llega mañana a tu depósito. Hay un retraso de varias semanas entre que el barril sube o baja en Londres y tú notas ese cambio en la manguera. Si no ocurre un desastre logístico masivo o un bloqueo total de las rutas de transporte, el petróleo por sí solo debería mantenerse estable o incluso darnos una alegría bajando un poco en los próximos meses.
El verdadero enemigo para tu bolsillo no es Venezuela

Mientras tú miras con atención lo que pasa en el extranjero, el Gobierno tiene un plan que sí va a afectar a tu economía. Se trata de la equiparación fiscal entre el diésel y la gasolina.
Hasta ahora, el gasóleo ha tenido un trato de favor en cuanto a impuestos se refiere, pero Bruselas lleva tiempo exigiendo que esto se acabe. Si este cambio se aplica para cumplir con los hitos de los fondos europeos, vas a notar un golpe en el bolsillo cada vez que vayas a repostar.
Para que te hagas una idea, la diferencia actual en el Impuesto sobre Hidrocarburos es de casi 9,4 céntimos por litro. Si le sumas el IVA que pagamos todos, el incremento real que podrías sufrir supera los 11 céntimos por cada litro.
Imagina lo que supone eso si sueles llenar un depósito de 50 o 60 litros todas las semanas. Es un sobrecoste que no tiene nada que ver con el Brent ni con las tensiones geopolíticas, sino con la necesidad de armonizar los impuestos y cumplir con las normativas medioambientales. Por eso el foco de atención debe estar aquí, porque este cambio es estructural y no va a bajar por mucho que el petróleo esté barato en el futuro.
El diésel corre más peligro que la gasolina

Si conduces un coche de gasolina, el escenario es un poco más optimista en este inicio de año. Como tu combustible depende mucho más del precio del petróleo y de las cotizaciones internacionales, es muy probable que vivas unos meses de relativa calma. Si el crudo baja, tu gasolina debería bajar también, siempre y cuando el euro no se hunda frente al dólar.
En cambio, si eres de los que compró un coche diésel pensando en el ahorro a largo plazo, ahora te encuentras en una posición de mucha más incertidumbre. El diésel tiene muchas más papeletas para encarecerse simplemente por el factor de los impuestos, sin importar lo que pase en el resto del mundo.
El sector del transporte está especialmente preocupado porque consumen ingentes cantidades de gasóleo, y este posible aumento de la fiscalidad podría disparar los costes de todo lo que compramos en el supermercado. Al final, si al camionero le cuesta más mover su vehículo, el precio de la leche o de la fruta que compras también va a subir. Es un efecto dominó que empieza en una decisión de despacho y que termina afectando a cada rincón de tu vida cotidiana.
El conductor es el último eslabón de una cadena que empieza en un pozo de petróleo y termina en el depósito del coche. En medio hay barcos, refinerías, camiones, impuestos y márgenes comerciales. Las gasolineras a menudo son las primeras interesadas en que el precio no suba, porque cuando el combustible está muy caro, la gente usa menos el coche y ellos venden menos. Por eso, entender qué está pasando te ayuda a tomar mejores decisiones y a no dejarte llevar por el pánico innecesario que a veces provocan noticias como la de Venezuela.








