La puerta del Porsche 911 Turbo 50 Years se abre y, antes incluso de oír el rugido del bóxer, lo primero que impacta es el tapizado interior. El patrón Weathered Dress Mackenzie, un tartán de tonos sobrios y raíces antiguas, arranca una sonrisa cómplice al vizconde de Tarbat, heredero del clan Mackenzie. «Supongo que eso significa que ahora somos oficialmente el clan más rápido», bromea, mientras el coche conmemora medio siglo de historia del Turbo ascendiendo por la entrada del castillo de Leod, la residencia familiar.

A su lado, su padre John, actual jefe del clan y conde de Cromartie, reflexiona sobre el valor simbólico de los tartanes: «Ya no podemos marchar por la A9 con espadas y mosquetes, pero sí mostrar nuestro tartán para recordar a qué clan pertenecemos. Unen a las personas, más allá del origen o las creencias», dice. Esa misma vocación identitaria es la que, desde hace décadas, sedujo también al diseño de Porsche.
Cuando el tartán conquistó Zuffenhausen
La historia de los cuadros escoceses dentro de Porsche no nació como una gran estrategia de marca, sino como un gesto espontáneo de creatividad. Anatole Lapine, entonces Director de Diseño, llegó un día al estudio luciendo unos pantalones tartán. Aquella audacia textil despertó ideas que pronto se trasladarían a modelos especiales: el prototipo 911 Turbo RSR de 1973 con su inconfundible tapizado Black Watch en azul y verde, o el tartán rojo y azul McLaughlan que lució el primer 911 Turbo (historia de este modelo) entregado a Louise Piëch.
Dorothea Müller-Goodwyn, integrante del equipo Porsche Style durante más de tres décadas, recuerda que incluso intentaron recurrir a fabricantes escoceses tradicionales. «Pero no podían ofrecernos la resistencia a la luz y la abrasión que necesitábamos», explica. Las telas escocesas sirvieron para las primeras muestras, pero los interiores de los deportivos de producción recurrieron a materiales fabricados en Suabia que replicaban aquellos patrones con la robustez requerida.

La aceptación del tartán fue tal que, en 1975, los clientes del 911 Turbo ya podían elegir entre tres diseños distintos. Entre ellos, el Mackenzie, que alcanzaría un estatus especial gracias al propio Ferry Porsche, cuyo 911 Turbo verde Oak metalizado incorporaba este cuadro tan característico. Hoy, una reinterpretación del mismo viste el interior del modelo de aniversario 911 Turbo 50 Years que visitó Castle Leod, escenario que inspiró Castle Leoch en la serie Outlander.
Tartanes: tejidos que cuentan historias
La conexión entre Porsche y Escocia va más allá de los colores. Para el clan Mackenzie, el tartán es una forma de pertenencia. «Hay alrededor de dos millones de Mackenzies en el mundo», señala el conde. «Buscan algo que perdure, una historia auténtica… en realidad, no muy diferente a un Porsche». La analogía no es casual: ambos representan tradición, identidad y un legado construido durante generaciones.
Para entender mejor este vínculo cultural, basta con visitar Kinloch Anderson, la icónica casa de Edimburgo que desde 1903 abastece de tartanes a la familia real británica. Su director, John Kinloch Anderson, explica cómo los colores originales se extraían de plantas, raíces o cortezas locales, hasta que cada región desarrolló su propio patrón. Tras la rebelión jacobita de 1745, el uso de tartanes de clan fue prohibido, pero en los siglos posteriores resurgió con fuerza y hoy más de 10.000 diseños están registrados oficialmente.

Kinloch Anderson, cuyos archivos guardan uniformes y piezas históricas de incalculable valor, vivió un auge extraordinario en los años setenta, cuando exportaban cerca de 100.000 faldas al año. «Es muy posible que fabricáramos los pantalones Black Watch que llevaba Lapine aquel día en el estudio de Porsche», comenta entre risas. Hoy, siguen colaborando con la marca alemana, produciendo para ella los tres patrones tartán más emblemáticos de su historia.
El tartán como expresión personal en Porsche
Con la evolución del programa Sonderwunsch —la división de personalización más exclusiva de la marca alemana— los tartanes han dado un paso más. Ahora, los clientes pueden seleccionar un cuadro que exprese su propia identidad para aplicarlo a los paneles de los asientos, los revestimientos de puertas o incluso para restaurar modelos históricos con la fidelidad de los tejidos originales.

Es un gesto que enlaza tradición, personalización y emoción: un puente entre Escocia y Stuttgart, entre el patrimonio textil de los clanes y el saber hacer de los ingenieros alemanes. Y demuestra que, incluso en un mundo dominado por la tecnología, los patrones tejidos hace siglos siguen dialogando con el diseño contemporáneo.
En el interior de un Porsche, el tartán no es solo un estampado. Es una historia que se conduce.
Fotos: Porsche.






























