En un momento en el que la electrificación ya no es un valor diferencial sino un estándar emergente, la marca Polestar ha decidido ir un paso más allá. Su hoja de ruta no se limita a eliminar las emisiones del tubo de escape, sino que busca redefinir el ciclo completo de vida del automóvil. El último hito en esa dirección lo marcan los modelos Polestar 2 (más información) y Polestar 3, cuyas baterías ya incorporan al menos un 50 por ciento de cobalto reciclado. Un avance que no solo reduce la dependencia de materias primas vírgenes, sino que consolida una visión industrial basada en la circularidad.
Las baterías se reacondicionan

La estrategia de Polestar se apoya en una premisa clara: el verdadero impacto ambiental de un vehículo eléctrico no termina en su uso, ni empieza en su producción, sino que abarca toda su existencia. En este contexto, las baterías —uno de los componentes más críticos y costosos— se convierten en el eje de transformación. La compañía ha desarrollado un sistema en el que estos elementos no se desechan prematuramente, sino que se reacondicionan para prolongar su vida útil.
Este proceso se articula en colaboración con Volvo Cars, cuyos centros especializados permiten restaurar baterías de alto voltaje. Cuando un vehículo requiere una sustitución, recibe una batería reacondicionada con un estado de salud equivalente al original. El resultado es un flujo circular que beneficia tanto al cliente —que mantiene el rendimiento esperado— como al entorno, al evitar la producción innecesaria de nuevas unidades.
Pero la circularidad en Polestar no se detiene en la reutilización. La firma está desplegando una red de alianzas para el reciclaje en todos sus mercados, con el objetivo de cumplir las normativas de responsabilidad del productor y maximizar la recuperación de materiales. Este enfoque integral permite que componentes clave vuelvan a la cadena productiva, cerrando el círculo de forma efectiva.
La visión estratégica queda reflejada en las palabras de Fredrika Klarén, responsable de sostenibilidad de la compañía, quien subraya que elegir un Polestar es también una declaración de intenciones. En su planteamiento, la electrificación alimentada por energías renovables y sustentada en materiales circulares configura un sistema completamente nuevo: uno en el que los recursos permanecen en uso y la abundancia sustituye a la escasez.
Más allá de las baterías

Esa filosofía se traduce también en el diseño y los materiales de sus vehículos. Polestar apuesta por el uso de aluminio y acero reciclados, moquetas elaboradas con ECONYL —un polímero regenerado— y tejidos derivados de residuos PET. A esto se suma una ingeniería centrada en la reducción de la complejidad material, el diseño modular y las soluciones mono-material, lo que facilita tanto el reciclaje como la reutilización.
Desde 2020, la marca sueca ha impulsado además una política de transparencia poco habitual en la industria. Cada modelo cuenta con su propio Análisis de Ciclo de Vida (LCA), en el que se detallan las emisiones de CO₂ equivalente a lo largo de toda la cadena de valor. En este ámbito, el Polestar 2 fue pionero al incorporar cobalto trazado mediante tecnología blockchain, estableciendo un nuevo estándar en la trazabilidad de materias primas.
Una gran rebaja de emisiones

Los avances no se quedan en el papel. En los últimos años, Polestar ha logrado reducir en un 25 por ciento las emisiones relativas de CO₂ por vehículo, al tiempo que ampliaba su gama con cuatro nuevos modelos. A ello se suma la integración de sistemas de carga inteligente, que optimizan el uso de energía y refuerzan la coherencia de su propuesta sostenible.
En definitiva, Polestar está redefiniendo el concepto de automóvil eléctrico premium. Más allá de las prestaciones o el diseño, su apuesta se centra en construir un producto responsable en todas sus fases. Una evolución que anticipa el futuro de la industria: no solo electrificada, sino también circular.
Fotos: Polestar.





