Hay conductores que, con la intención de ahorrar algo de dinero en combustible, apuran la reserva hasta límites insospechados. Total, el coche sigue andando igual, ¿verdad? Sin embargo, ese pequeño gesto de postergar la visita a la gasolinera es una decisión que puede tener consecuencias nefastas.
Fernando, un mecánico experto, tiene muy claro que, si supieras lo que ocurre dentro de tu depósito cuando la gasolina escasea, no volverías a dejar que la aguja bajara tanto. Se esconde un peligro que está destruyendo piezas de tu motor mientras intentas ahorrarte unos céntimos.
Apurar el depósito, una trampa para tu bolsillo

Cuando conduces con el depósito en reserva, crees que solo estás usando las últimas gotas de combustible, pero la realidad es mucho más sucia. Ten en cuenta que el depósito de tu coche no es un entorno estéril y perfecto. Con el paso de los años y de los repostajes, en el fondo del tanque se van acumulando sedimentos, impurezas y pequeños residuos que vienen mezclados con el combustible o que se generan por la propia degradación del material.
Mientras el depósito está lleno, estas impurezas suelen quedarse en el fondo, tranquilas y sin molestar a nadie. Sin embargo, cuando apuras la reserva, la bomba de combustible se ve obligada a succionar para aprovechar hasta el último mililitro. Esto provoca que toda esa suciedad acumulada pase al sistema de alimentación de tu coche.
Además, hay otro factor que solemos ignorar: la condensación. Un depósito vacío tiene mucho aire en su interior. Cuando la temperatura exterior cambia, especialmente en invierno o durante las noches frías de los viajes navideños, ese aire se convierte en humedad que acaba mezclándose con la poca gasolina que queda. El agua es el peor enemigo de un motor de combustión y, al apurar el tanque, estás facilitando que esa humedad llegue a los cilindros, provocando una combustión deficiente y dañando la mecánica a largo plazo de una forma que ni te imaginas.
Averías que te costarán una fortuna por ir siempre en reserva

Si piensas que quedarte sin gasolina es solo una molestia que se soluciona echando unos litros, estás muy equivocado. Las piezas que sufren cuando circulas en reserva son de las más caras de reparar. Fernando destaca tres componentes que suelen decir basta cuando el dueño del coche tiene la costumbre de aspirar en reserva.
El primero es la bomba de combustible. Esta pieza se encuentra sumergida en el propio depósito y utiliza la gasolina para refrigerarse y lubricarse mientras trabaja. Cuando el nivel es muy bajo, la bomba empieza a trabajar en seco o succiona aire, lo que provoca un sobrecalentamiento inmediato. Es una pieza que gira a muchísimas revoluciones y, si no tiene ese baño de combustible que la mantenga fresca, acaba quemándose. Sustituir una bomba de combustible no es barato y te dejará el coche tirado en el momento menos oportuno.
Otra pieza fundamental que sufre un castigo innecesario es el aforador, un componente que funciona de forma parecida a una boya y se encarga de decirle a tu cuadro de mandos cuánta gasolina te queda. Al trabajar constantemente en el fondo del depósito, el aforador puede quedarse bloqueado por la suciedad o desajustarse por el movimiento del combustible escaso. Si esto ocurre, la aguja de tu coche empezará a marcar mal y podrías pensar que tienes gasolina cuando en realidad el coche está a punto de pararse.
Por último, Fernando menciona los inyectores. Estos son los encargados de pulverizar el combustible dentro del motor con una precisión milimétrica. Si les llega suciedad o si el flujo de combustible no es constante porque hay burbujas de aire en el circuito, pueden desajustarse o romperse. Reparar o cambiar los inyectores es una de las facturas más temidas por cualquier conductor, y todo por no querer parar en la gasolinera diez kilómetros antes.
Riesgos legales y consejos de supervivencia en carretera

Además de los problemas mecánicos, tienes que ser consciente de que circular a menudo en reserva te puede traer problemas con la ley. Si te quedas sin gasolina en mitad de la carretera, la DGT no lo considera un accidente, sino una negligencia del conductor. Quedarse detenido en una zona peligrosa por falta de combustible te supondrá una multa que puede llegar a los 200 euros. Y ojo, porque si intentas solucionar el problema yendo a una gasolinera a pie, no puedes usar cualquier botella de refresco que encuentres en el maletero. Si transportas combustible en un recipiente que no esté homologado para tal fin, la sanción puede escalar de forma increíble hasta los 3.000 euros.
Si alguna vez te ves en la situación de tener que conducir en reserva porque no hay estaciones de servicio cerca, lo primero que debes hacer es mantener la calma y reducir la velocidad. Tienes que conducir de la forma más suave posible, manteniendo una velocidad constante y moderada. Evita los acelerones bruscos, ya que estos demandan un pico de combustible que la bomba quizás no pueda suministrar si el nivel es muy bajo. Apaga el aire acondicionado y cualquier dispositivo electrónico que no sea necesario, como el cargador del móvil, para reducir el esfuerzo del motor.
También es vital que mantengas las ventanillas cerradas para no romper la aerodinámica del coche. Recuerda que, dependiendo de tu modelo, la reserva puede darte para recorrer entre 40 y 100 kilómetros, pero nunca debes confiarte, ya que ese margen es solo una estimación y puede variar según la pendiente de la carretera o el peso que lleves en el coche.
Lo mejor es que, en cuanto veas el primer poste de una gasolinera, entres y llenes el depósito para que tu coche deje de sufrir y puedas viajar con tranquilidad.








