Algunos coches pasan a la historia por sus cifras de ventas, su diseño o sus innovaciones técnicas. Otros se ganan un lugar en la memoria colectiva por algo mucho más sencillo: su capacidad para estar siempre ahí cuando hace falta. En el mundo rural, pocos vehículos representan mejor esa idea que la Citroën C15, una furgoneta humilde, resistente y capaz de cargar con casi cualquier cosa que se le ponga por delante.
La escena que nos llega desde el noreste de Francia parece hecha a medida para ella. Un agricultor ha decidido regalar 500 toneladas de patatas que no ha podido vender, y cientos de personas han acudido a llenar sus maleteros, remolques y cajas de carga. Entre ellos aparecen viejos conocidos del campo y los pueblos: utilitarios veteranos, furgonetas pequeñas y, en el imaginario colectivo, la eterna Citroën C15, símbolo de trabajo duro y soluciones prácticas.
3Una decisión para evitar el desperdicio
La alcaldesa de la localidad, Pascale Chevallot, explicó que la decisión del agricultor respondía a una necesidad práctica: vaciar los almacenes antes de la nueva cosecha. Pese a estar en perfecto estado, las patatas no tenían salida comercial debido al bajo precio del mercado. Un problema habitual en el sector agrícola, donde producir no siempre garantiza vender a un precio justo.
Regalarlas era la mejor opción. Evitaba el desperdicio alimentario y, al mismo tiempo, ayudaba a muchas familias. El campo se transformó así en símbolo de algo que va más allá de las patatas: la desconexión entre el valor real del trabajo agrícola y los precios que marca el mercado. Una realidad que conocen bien quienes, durante años, han cargado su Citroën C15 hasta arriba para sacar adelante su negocio.








