Gonzalo (44), autónomo: ‘Acabo de llegar de viaje y he alucinado con este país donde todos los coches son de color blanco por obligación’

Un país donde los coches blancos dominan las calles. Una normativa insólita que sorprende a cualquier visitante. Y una cultura automovilística completamente diferente a la europea.

¿Te imaginas aterrizar en un país y ver que todos los coches son exactamente del mismo color? ¿Qué pensarías? ¿Casualidad, moda o una norma impuesta? Eso es justo lo que se preguntó Gonzalo al bajarse del avión y encontrarse con un paisaje urbano que parecía directamente sacado de una película: avenidas amplias, edificios relucientes… y vehículos solamente blancos.

Lejos de ser una coincidencia, lo que descubrió después le dejó aún más sorprendido. Una realidad tan curiosa como desconocida, en la que los coches dejan de ser una elección personal para convertirse en parte de una identidad colectiva marcada por decisiones políticas y estéticas. Un destino que, sin duda, redefine todo lo que creemos saber sobre el mundo del automóvil.

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Los autos como símbolo de identidad… o de uniformidad

2022 Bugatti Chiron Super Sport Sur Mesure
Fuente Bugatti

En la mayoría de países, los coches son una forma de expresión. El color, el modelo o incluso los pequeños detalles hablan del propietario. Sin embargo, en Turkmenistán esta individualidad queda diluida en favor de una imagen colectiva. Gonzalo reflexiona sobre ello: “Aquí elegimos un coche que nos guste, que diga algo de nosotros. Allí, todos los coches dicen lo mismo”.

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Esa uniformidad no solo afecta a la estética, sino también a la percepción del automóvil como objeto cultural. La imposición del color blanco convierte a los coches en un símbolo de obediencia más que de identidad. Es un ejemplo claro de cómo las decisiones políticas pueden influir incluso en aspectos tan cotidianos como el vehículo que conducimos.