Gonzalo (44), autónomo: ‘Acabo de llegar de viaje y he alucinado con este país donde todos los coches son de color blanco por obligación’

Un país donde los coches blancos dominan las calles. Una normativa insólita que sorprende a cualquier visitante. Y una cultura automovilística completamente diferente a la europea.

¿Te imaginas aterrizar en un país y ver que todos los coches son exactamente del mismo color? ¿Qué pensarías? ¿Casualidad, moda o una norma impuesta? Eso es justo lo que se preguntó Gonzalo al bajarse del avión y encontrarse con un paisaje urbano que parecía directamente sacado de una película: avenidas amplias, edificios relucientes… y vehículos solamente blancos.

Lejos de ser una coincidencia, lo que descubrió después le dejó aún más sorprendido. Una realidad tan curiosa como desconocida, en la que los coches dejan de ser una elección personal para convertirse en parte de una identidad colectiva marcada por decisiones políticas y estéticas. Un destino que, sin duda, redefine todo lo que creemos saber sobre el mundo del automóvil.

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Un país donde los vehículos reflejan el poder político

Fuente: Wikimedia Commons

Al margen de lo anecdótico, esta peculiaridad dice mucho sobre el contexto del país. Turkmenistán es conocido por su hermetismo y su sistema político altamente centralizado. Desde su independencia, el control sobre la vida cotidiana ha sido una constante, y los coches no han escapado a esa influencia. Como relata Gonzalo, «no es solo el color de los coches, es la sensación general de que todo está regulado».

Según su experiencia, las calles eran amplias pero sorprendentemente vacías, lo que reforzaba esa sensación. Las decisiones relacionadas con los coches forman parte de una política más amplia que busca proyectar una imagen de orden y perfección. Allí, el vehículo deja de ser un objeto personal para convertirse en un elemento más del discurso oficial.