Elegir la rueda adecuada para el coche es una de esas decisiones que muchos conductores posponen hasta que surge un problema. Pinchazos, desgaste excesivo o una nevada inesperada suelen ser los detonantes que nos hacen preguntarnos si realmente llevamos el neumático correcto. Sin embargo, las ruedas son el único punto de contacto entre el coche y el asfalto, y su elección influye directamente en la seguridad, el consumo y el confort de marcha.
En pleno invierno —o en esos días en los que el tiempo cambia sin previo aviso— la duda se repite: ¿sirven mis neumáticos actuales para estas condiciones?, ¿debería llevar ruedas de invierno?, ¿qué significan realmente las siglas M+S? Entender los distintos tipos de neumáticos ayuda a tomar mejores decisiones y a saber qué rueda te gustaría llevar hoy mismo según el clima y el tipo de carretera.
1Neumáticos de verano: los más comunes y los más mal entendidos
Los neumáticos de verano son los más habituales en España y en gran parte de Europa. Están diseñados para ofrecer un buen rendimiento con temperaturas superiores a los 7 grados, tanto en seco como en mojado. Su compuesto es más duro que el de otras ruedas, lo que mejora la precisión de la dirección y reduce el desgaste cuando el calor aprieta.
El problema llega cuando el termómetro baja. Con frío intenso, la goma se endurece todavía más y pierde capacidad de agarre. En esas condiciones, la distancia de frenado aumenta y la sensación de control disminuye, especialmente sobre asfalto frío, mojado o con hielo. Por eso, aunque son una buena rueda durante gran parte del año, no son la mejor opción cuando el invierno se deja notar de verdad.








