El invierno pone a prueba a cualquier coche. Las bajas temperaturas, la humedad, los trayectos cortos y los largos periodos parado en el garaje generan un desgaste silencioso que no siempre da la cara en el momento. De hecho, muchas de las averías más caras no aparecen cuando hace frío, sino semanas después, cuando suben las temperaturas y volvemos a utilizar el vehículo con normalidad.
Roberto, mecánico con más de dos décadas de experiencia en taller, lo ve cada año: “En cuanto se va el frío empiezan a llegar coches con fallos que llevaban meses gestándose. El conductor cree que todo está bien porque ha arrancado durante el invierno, pero el problema está dentro y acaba explotando”. Y lo peor es la factura: algunas reparaciones superan los 1.400 euros si no se detectan a tiempo.
1Arranque en frío: el fallo más caro y el más habitual
El sistema de arranque es el que más sufre durante los meses de invierno, especialmente en los vehículos diésel. Las noches con temperaturas bajas obligan a trabajar más a los calentadores, la batería y el motor de arranque. Aunque el coche termine arrancando, ese esfuerzo extra pasa factura con el tiempo.
Según los datos de diagnósticos realizados en España en los últimos meses, los problemas de arranque en frío están presentes en el 64% de los casos detectados tras el invierno. En los escenarios más leves, la reparación puede quedarse en unos 366 euros, pero si el fallo afecta a la unidad de control del sistema de precalentamiento la factura puede superar los 1.300 euros. Roberto lo resume así: “El cliente viene porque el coche tarda en arrancar, pero cuando abrimos vemos que el problema es mucho mayor”.

