El invierno no solo pone a prueba la paciencia de los conductores, también exige lo mejor de nuestros coches. Las bajas temperaturas, lluvia y episodios de nieve asociados a las borrascas que atraviesan la Península convierten cualquier desplazamiento en un pequeño reto diario. En este contexto, el mantenimiento del vehículo deja de ser una recomendación para convertirse en una necesidad urgente si queremos circular con seguridad.
Las últimas semanas han dejado claro que el mal tiempo ya no es algo puntual. Lluvias intensas, carreteras cortadas, avisos de riesgo extremo y nevadas en amplias zonas obligan a extremar las precauciones. En invierno, además de la información de la DGT y la AEMET, hay dos elementos del coche que marcan la diferencia: la batería y los neumáticos. Ambos sufren especialmente con el frío y pueden arruinar un viaje si no reciben el mantenimiento adecuado.
2Batería: el talón de Aquiles cuando baja la temperatura
La batería es uno de los componentes que más sufre con el frío. A bajas temperaturas pierde capacidad y, si ya está algo envejecida, puede decir basta de un día para otro. Muchos de los fallos de arranque que se producen en invierno tienen su origen en una batería al límite que no ha recibido el mantenimiento necesario.
Antes de que lleguen las heladas, comprueba su estado: tensión, bornes limpios y bien ajustados, y ausencia de corrosión. Si el coche duerme en la calle y tiene más de tres o cuatro años, una revisión preventiva puede evitar un disgusto. En invierno, una batería débil no avisa, simplemente no arranca, y suele ser cuando más prisa tienes.








