Conducir es una actividad cotidiana para millones de personas, pero eso no significa que siempre lo hagamos bien. Con el paso del tiempo, y casi sin darnos cuenta, vamos incorporando pequeños hábitos al volante que terminan formando parte de nuestra rutina. El problema es que muchos de esos hábitos no solo no ayudan, sino que aumentan el riesgo de accidente y, además, nos exponen a sanciones que pueden evitarse con un poco más de atención y conciencia.
La mayoría de los incidentes en la carretera no se producen por grandes temeridades, sino por comportamientos repetidos, normalizados y asumidos como «no pasa nada». Y precisamente por ello es tan importante identificar esos malos hábitos al volante, entender por qué son peligrosos y, sobre todo, aprender a desterrarlos para poder conducir de forma más segura, eficiente y tranquila.
1Conducir distraído: el hábito más peligroso
Las distracciones se han convertido en uno de los grandes enemigos de la seguridad vial. Mirar el móvil —aunque sea «solo un segundo»—, ajustar el navegador en marcha o cambiar la emisora parecen gestos inocentes, pero desvían nuestra atención de lo que realmente importa: la carretera. Esos hábitos son especialmente peligrosos, pues reducen drásticamente nuestra capacidad de reacción ante cualquier imprevisto.
Diversos estudios coinciden en que conducir distraído multiplica el riesgo de accidente; y no solo en ciudad, donde peatones y ciclistas pueden aparecer de forma inesperada. En carretera o autopista, una distracción a alta velocidad puede tener consecuencias mucho más graves. Corregir este hábito pasa por algo tan simple como preparar todo antes de arrancar y asumir que, mientras conducimos, nuestra atención debe ser plena.

