La Fundación VINCI Autoroutes publicó hace unos meses un informe acerca de las costumbres que tienen los conductores al volante. Y los datos que refleja preocupan bastante.
Uno de los detalles más destacados tiene que ver con la manera de indicar a otros conductores que se va a realizar una maniobra. Al parecer, miles de conductores europeos han decidido que no hace falta avisar a los demás de cuáles son sus intenciones al volante, todo un peligro para la seguridad.
El fin de la comunicación al volante: más de la mitad no avisa

El dato que recoge el informe de VINCI es demoledor: el 51% de los conductores admite que no utiliza el intermitente al adelantar o cambiar de dirección. Para Julio, profesor de autoescuela, esta es una mala práctica muy habitual del tráfico moderno.
La verdad es que no usar el intermitente es una ruptura total de la convivencia al volante. Cuando circulas por una autovía y el coche que tienes a tu izquierda se echa encima de tu carril sin avisar, tu tiempo de reacción se reduce a la mitad. El intermitente tiene una función vital: avisar de una intención futura. Sirve para que los demás puedan adaptar su velocidad y posición antes de que realices la maniobra. Si eliminas ese aviso, conviertes la carretera en un campo de adivinanzas donde cualquier movimiento inesperado puede acabar en un impacto lateral o en una salida de vía.
Esta falta de uso es especialmente grave en las rotondas y en los adelantamientos. El intermitente es el único lenguaje universal que tenemos los conductores. No importa si hablas español, francés o alemán; una luz parpadeando significa lo mismo en todo el mundo. Sin embargo, parece que una gran parte de la población ha decidido que su intención es un secreto que no tiene por qué compartir con los demás. Esto genera un clima de tensión constante, ya que el 95% de los usuarios reconoce que tiene miedo del comportamiento de los otros conductores.
Un pequeño gesto que salva vidas cada día

A menudo se piensa que, si no viene nadie cerca, no hace falta poner el intermitente. Pero las normas de circulación no son sugerencias basadas en tu percepción del momento. Debes señalizar siempre porque nunca sabes quién puede estar en tu ángulo muerto. Un ciclista que se aproxima por detrás o un motorista que está empezando un adelantamiento dependen totalmente de que avises para no acabar bajo tus ruedas.
El informe de movilidad destaca que el incumplimiento de estas normas básicas hace que compartir la vía sea cada vez más complejo y, a menudo, conflictivo. No se trata solo de evitar una multa, que en España está tipificada como una infracción grave si no se señaliza una maniobra. Se trata de evitar la sorpresa al volante. El cerebro necesita unos segundos para procesar la información y reaccionar. El intermitente le da esos segundos al conductor que viene detrás de ti. Si frenas de golpe para girar en una calle sin haber avisado antes, la probabilidad de que te alcancen por detrás se multiplica.
La comodidad o la pereza parecen ser las causas principales de este abandono. Algunos conductores consideran que, como ellos saben hacia dónde van, el resto del mundo también debería saberlo. Sin embargo, cuando la mayoría deja de usar las herramientas de señalización, el sistema se colapsa y aumenta el estrés al volante. Conducir a la defensiva, esperando que el de delante haga una maniobra brusca en cualquier momento, agota y propicia que cometamos más errores.
La palanca olvidada y el peligro para los más vulnerables

El impacto de no usar el intermitente es mucho más dramático cuando hablamos de la convivencia con peatones y ciclistas. Para alguien que va a pie, saber si un coche va a girar en un cruce es la diferencia entre cruzar con seguridad o quedarse paralizado en la acera. El estudio refleja que la diversidad de medios de transporte actuales hace que el espacio público sea cada vez más restringido. En este escenario, la comunicación visual que ofrece el coche es la única garantía de orden.
Cuando un conductor gira a la derecha sin señalizar, puede golpear a un ciclista que circula por su carril o por un carril bici adyacente. El ciclista no tiene forma de saber que el coche va a invadir su trayectoria si no hay una luz que lo indique. Lo mismo ocurre en los pasos de peatones situados tras un giro: el peatón inicia su marcha pensando que el coche seguirá recto, y se encuentra de repente con un vehículo que gira de forma imprevista sobre sus pies.
Recuperar el hábito de poner el intermitente es, probablemente, la medida de seguridad vial más barata y efectiva que existe. No requiere tecnología avanzada ni grandes inversiones, solo un pequeño movimiento de dedo. El buen conductor no es el que mejor domina el embrague, sino el que hace que su presencia en la carretera sea fácil de entender para todos los demás. Si lográramos que ese 51% de personas volviera a usar la palanca izquierda del volante, el número de conflictos y accidentes en nuestras ciudades caería en picado.

