Durante décadas, viajar por carretera entre Madrid y Lisboa ha sido un trayecto habitual para miles de conductores, transportistas y viajeros ocasionales. Dos capitales unidas por la historia, la cultura y el comercio, pero también por largas horas al volante. Ahora, un nuevo puente internacional promete cambiar ese escenario y acercar ambas ciudades en algo más que kilómetros sobre el mapa.
La construcción de un puente sobre el río Sever, en plena frontera entre España y Portugal, no solo supondrá una mejora en la conectividad local. El puente redefinirá la movilidad en el oeste peninsular, recortará hasta 100 kilómetros en determinados trayectos y pondrá fin a una situación que durante muchos años ha condicionado el día a día de quienes residen en Cáceres y Badajoz.
1El puente que rompe una frontera invisible
En el corazón del Parque Natural Tajo Internacional, las localidades de Cedillo (España) y Montalvão-Nisa (Portugal) han vivido durante más de 30 años separadas por algo más que un río. El cauce del Sever, junto a una presa hidroeléctrica y diversos condicionantes administrativos, convirtió lo que debería ser un paso natural en una barrera real para vecinos y viajeros.
Hasta ahora, cruzar de un lado a otro de la frontera dependía de horarios concretos o exigía dar un rodeo de más de una hora de trayecto por carreteras secundarias. Esa «frontera de los fines de semana» ha sido durante muchos años un símbolo de desconexión en plena Europa sin fronteras. Sin embargo, con el nuevo puente, esa anomalía desaparecerá por completo de modo definitivo.

