Cuando un coche suspende la ITV, la mayoría de conductores piensa automáticamente en problemas graves de motor, emisiones contaminantes o fallos en frenos y suspensión. Sin embargo, la realidad es bastante distinta y, en muchos casos, mucho más sencilla… y frustrante. Elementos básicos, visibles y aparentemente secundarios como la luna delantera o los limpiaparabrisas están detrás de miles de inspecciones desfavorables cada año.
Las cifras son contundentes. Cerca de 40.000 vehículos no han superado la ITV por defectos graves relacionados con la visibilidad, el estado de las lunas y el sistema de limpieza del parabrisas. Un dato que cobra aún más relevancia en diciembre, uno de los meses en los que más coches se retiran definitivamente de la circulación, según los registros de la Dirección General de Tráfico. El invierno no perdona, y la falta de mantenimiento acaba pasando factura.
5Cuando la ITV marca el final del coche
Para muchos vehículos, especialmente los más antiguos, suspender la ITV por problemas de visibilidad supone el principio del fin. Sustituir una luna delantera o reparar daños estructurales puede no compensar económicamente cuando el valor del coche es bajo. En ese contexto, diciembre se convierte en el mes de la decisión definitiva.
De ahí que la DGT registre un elevado número de bajas en este periodo. Algunos conductores optan por renovar su vehículo, mientras que otros buscan alternativas más flexibles, como la suscripción de coche, que permite disponer de un vehículo sin compromisos a largo plazo y con todo incluido. Sea cual sea la decisión, la ITV actúa como filtro final.








