La escalada del precio de los carburantes ha vuelto a golpear con fuerza el bolsillo de los conductores españoles. En apenas unas semanas, llenar el depósito se ha convertido en un auténtico lujo, impulsado por la tensión internacional y, especialmente, por la guerra en Oriente Medio. El encarecimiento del petróleo ha sido inmediato, trasladándose sin filtros a la gasolina y al diésel, que ya superan en muchos casos la barrera psicológica de los dos euros por litro.
En este contexto, el Gobierno ha reaccionado con un paquete de medidas que, lejos de convencer a todos, ha sido recibido con escepticismo por buena parte del sector del motor. La principal propuesta: reducir el IVA de los carburantes del 21% al 10%. Una decisión que, sobre el papel, pretende aliviar la presión económica, pero que en la práctica muchos califican de insuficiente, casi simbólica.
5Críticas desde el sector y los consumidores
Las críticas no se han hecho esperar. Organizaciones comola Organización de Consumidores y Usuarios OCU han alertado incluso de posibles prácticas en el sector que agravan la situación, señalando que algunas subidas de precios no se justifican únicamente por la guerra, sinotambién por comportamientos coordinados entre operadores.
Por su parte, profesionales del transporte consideran que la medida se queda muy corta. Para quienes dependen del combustible a diario, una reducción de apenas unos céntimos no compensa el fuerte incremento de costes que están soportando. La sensación generalizada es que el Gobierno ha optado por una solución políticamente viable, pero económicamente insuficiente.

