Todo el que tiene carnet de conducir ha tenido que pasar por el examen teórico y práctico. Unos se lo han sacado a la primera y otros han tenido que repetir alguna de las dos pruebas varias veces hasta conseguir el aprobado. Pero lo que le ha ocurrido a Jacob Carroll, un joven británico de 27 años, roza lo surrealista.
Sabemos que hay veces que aprobar el examen práctico no depende al 100% de nosotros, porque en carretera pueden ocurrir infinidad de situaciones que se escapan de nuestro control. Puedes saber conducir bien, mirar lo suficiente por los retrovisores y señalizar todas las maniobras, pero que una maniobra de otro conductor termine afectando a tu examen.
Y eso a los examinadores de la Dirección General de Tráfico (DGT) les suele dar igual. Si al terminar has cometido un número de faltas que es incompatible con el permiso de conducir, vas a suspender. Sin embargo, lo que le ha ocurrido a Jacob no tiene nada que ver con eso. «Me han suspendido el examen práctico porque el asiento estaba sucio. La realidad supera a la ficción«, reconoce este conductor británico.
Jacob y el suspenso antes de empezar el examen práctico

Jacob Carroll llevaba bastante tiempo intentando sacarse el carnet y, como tantos otros conductores, tuvo que dar las clases suficientes en la autoescuela y presentarse cuando le tocara el turno en la lista de espera. Y ante ese problema, su familia encontró una solución poco habitual, aunque en este caso podía funcionar.
Su padre se ofreció a llevarle en su coche particular hasta un centro de exámenes que tuviera disponibilidad, situado a unos 230 kilómetros de su casa. En total, casi 500 kilómetros entre la ida y la vida.
La ciudad en cuestión fue Scarborough, en Reino Unido, donde sí que está permitido presentarse al examen con un coche particular y no con el de la autoescuela. Eso sí, con ciertos requisitos, como colocar un retrovisor adicional para el examinador, dos reposacabezas, neumáticos en buen estado, sin avisos luminosos en el salpicadero…
El problema fue que el día del examen era bastante lluvioso. Jacob esperó dentro del coche a la llegada del examinador y al abrir la puerta del copiloto, pasaron unos segundos antes de que se sentara, lo suficiente para que al asiento le cayeran gotas de lluvia y se manchara.
¿Cuál fue la reacción del examinador? Jacob cubrió el asiento con una manta para evitar que se manchara la ropa, pero el examinador se negó a sentarse y dio por finalizada la prueba en ese mismo momento. Sin ni siquiera arrancar el motor y valorar si el conductor tenía las habilidades necesarias.
«El examen ha terminado«, le dijo. El suspenso fue automático, así que le tocó volver a casa de nuevo con su padre y pagar una nueva convocatoria tiempo después. Así que Jacob ha contado su historia en redes sociales para evidenciar hasta qué punto un factor externo puede tirar por tierra varias semanas de preparación.
Los motivos más habituales de suspenso

La Dirección General de Tráfico (DGT) comparte de forma habitual los principales motivos de suspenso de los conductores en los exámenes prácticos. Son los siguientes:
- No mirar lo suficiente por los retrovisores, al cambiar de carril o hacerlo solo por encima. Es imprescindible mirar el entorno y los examinadores lo tienen muy en cuenta.
- El mal uso de los intermitentes, como señalizar tarde, no hacerlo o confundir al resto de usuarios. Sobre todo en glorietas, cambios de carril o incorporaciones.
- No respetar (o hacerlo a medias) las señales de tráfico, como hacer un STOP incompleto, salir antes de tiempo en un ceda el paso o un pequeño exceso de velocidad.
- No controlar bien el coche, conducir de forma brusca, dar frenazos innecesarios o acelerar sin progresión.
- En ciudad, por no respetar los pasos de peatones, saltarse un semáforo…
- El exceso de velocidad no es el único problema, también circular demasiado lento o entorpecer el tráfico sin motivo. Y ojo que los nervios no te jueguen una mala pasada.








