El precio de los combustibles vuelve a ser protagonista. A pesar de que el Gobierno ha aprobado recientemente una reducción del IVA de la gasolina y el diésel, la realidad en las estaciones de servicio es bien distinta. Llenar el depósito sigue siendo cada vez más caro; una contradicción que ha generado dudas entre los consumidores, que no entienden por qué la medida aparentemente favorable no se traduce en un ahorro real.
En este contexto, voces expertas como la de Alberto, técnico especializado en hidrocarburos con más de 20 años de experiencia en el sector energético, ayudan a arrojar luz sobre una situación compleja. Su análisis apunta a factores internacionales que están neutralizando el impacto de la bajada del IVA, haciendo que el precio final continúe al alza.
1El IVA baja sobre el papel, pero no en el surtidor
La reciente aprobación del Real Decreto-ley 7/2026, publicada en el BOE, supuso una rebaja del IVA en los combustibles con el objetivo de aliviar el bolsillo de los conductores. Pero la medida fiscal ha tenido un efecto mucho más limitado del esperado. En la práctica, la reducción impositiva se ha visto absorbida por otros factores que influyen directamente en el precio final.
Tal y como explica Alberto, «el IVA es solo una parte del precio total del combustible. Si el coste base sube, la rebaja fiscal queda diluida«. En otras palabras: aunque el porcentaje de impuestos sea menor, si el precio del producto en su origen aumenta, el consumidor termina igualmente pagando más.

