Cuando las temperaturas empiezan a subir y dejamos atrás los duros días del invierno, muchos conductores respiran tranquilos pensando que lo peor para su coche ya ha pasado. Sin embargo, en los talleres ocurre justo lo contrario: la primavera es una de las épocas en las que más averías graves aparecen, muchas veces sin avisar y con facturas que pueden asustar a cualquiera.
Jesús, mecánico con más de tres décadas de experiencia, lo tiene claro: «El frío pasa factura al vehículo, pero no siempre lo hace en el momento. En cuanto termina el invierno, empezamos a ver fallos que llevan meses gestándose«. Y algunos de esos problemas, si no se detectan a tiempo, pueden costar hasta 1.400 €.
1El desgaste silencioso que deja el frío
Durante los meses de invierno, el coche sufre un tipo de desgaste que no siempre se percibe desde el asiento del conductor. Los arranques en frío, trayectos cortos, humedad constante y largos periodos en parado son un cóctel perfecto para que ciertos componentes trabajen forzados. El problema es que rara vez fallan de golpe.
Según explica Jesús, «hay algunas piezas que aguantan todo el invierno, pero quedan tocadas. Cuando suben las temperaturas y el coche vuelve a usarse con normalidad, es cuando aparece la avería». Por ese motivo muchos conductores relacionan el fallo con la primavera, cuando en realidad el origen está en el frío.







