Si vives en una ciudad grande, es muy probable que ya te hayas cruzado con una turborotonda. Al principio te chocará ver tantas líneas continuas en el suelo y flechas que parecen indicarte un camino obligatorio.
Pero no te asustes, porque hoy vas a entender perfectamente por qué este invento ha llegado para salvarte de los atascos y, sobre todo, para que vuelvas a casa sin un solo rasguño en la chapa de tu coche.
Qué es una turborotonda y por qué no es una glorieta normal

Para entender qué es una turborotonda, primero tienes que visualizar una glorieta convencional. En las de siempre, entras y puedes dar vueltas y vueltas por el carril que quieras. El problema es que esa libertad genera caos en muchas ocasiones.
La turborotonda es un diseño mucho más inteligente que nació con el objetivo de indicar por dónde tienes que ir antes incluso de que entres en ella.
A simple vista, una turborotonda puede parecer un poco más compleja porque tiene una forma ligeramente espiral. Sin embargo, su funcionamiento es mucho más guiado. La gran diferencia es que en una turborotonda los carriles no son círculos cerrados unos dentro de otros. Aquí, los carriles están diseñados para acompañarte hacia la salida que necesitas.
Si hay algo que debes tener claro es que en una turborotonda no vale la improvisación. En una rotonda de las de toda la vida, podías entrar por el carril exterior y decidir a última hora que querías dar la vuelta completa. En la turborotonda esto no funciona así, sino que tienes que ser previsor. Unos metros antes de llegar a la intersección, verás señales en el suelo y paneles informativos que te dirán qué carril debes ocupar según la dirección que quieras tomar.
Si quieres ir a la derecha o seguir recto, lo normal es que debas situarte en el carril exterior. Si tu intención es girar a la izquierda o hacer un cambio de sentido, tendrás que colocarte en el carril interior. Una vez que entras en la turborotonda, ya no puedes cambiar de carril. Las líneas continuas te prohíben moverte lateralmente. Esto puede parecer algo estricto, pero en realidad ya no tienes que tomar decisiones mientras conduces dentro, porque el carril que elegiste al principio te sacará justo donde querías.
¿Por qué es más segura una turborotonda?

La seguridad es el punto donde ingenieros como Jesús insisten más. En las rotondas tradicionales, la mayoría de golpes se producen por el cruce de trayectorias. Alguien intenta salir desde el carril interior y golpea al que circula por el exterior. En una turborotonda, este tipo de accidente es prácticamente imposible si todo el mundo respeta las normas. Como no se permiten los cambios de carril en el interior, los coches no se cruzan entre sí. Cada uno circula por su canalización de forma independiente.
Al eliminar estos movimientos laterales, también se eliminan los puntos de conflicto. Tú te centras solo en lo que tienes delante y en seguir tu carril. Esto reduce el riesgo de colisiones laterales, que las más habituales en las ciudades. Además, al estar todo más organizado, la velocidad suele ser más constante y moderada. No hay frenazos bruscos porque alguien se ha perdido o porque un coche ha invadido tu espacio de repente. Conducir por una de estas glorietas te da una sensación de orden que te hace sentir mucho más seguro al volante.
De los Países Bajos a las carreteras españolas

Aunque las turborotondas puedan parecer algo muy moderno, lo cierto es que tienen ya unos cuantos años de historia. Este diseño se inventó en los Países Bajos en 1990. Los ingenieros holandeses buscaban una forma de desatascar las intersecciones que tenían muchísimo tráfico y que se bloqueaban constantemente. El éxito fue tan grande que no tardaron en exportar la idea a otros países de Europa que sufrían los mismos problemas de congestión.
En España tuvimos que esperar un poco más, pero al final llegaron. Las primeras turborotondas españolas se construyeron en 2009 en Asturias. Los datos no mienten y la experiencia sirvió para que otras ciudades españolas se animaran a transformar sus cruces más conflictivos en estas espirales de eficiencia.
Si te fijas bien cuando conduzcas por una turborotonda, verás que las líneas continuas son las protagonistas. En una carretera normal, sabes que no puedes pisar una línea continua, y aquí la norma es la misma. Estas líneas son las que marcan el sistema. Si todos los conductores las respetan, el tráfico es ágil y rápido.
La fluidez mejora porque se eliminan las dudas. En una glorieta clásica, mucha gente frena o duda porque no sabe qué va a hacer el coche de al lado. En la turborotonda, como sabes que el otro conductor no puede cambiarse a tu carril, tú puedes seguir tu marcha con total confianza. Esto aumenta la capacidad de la intersección. Es decir, pueden pasar más coches por minuto que en una rotonda normal. Al final, esto se traduce en que pasas menos tiempo parado en un atasco y llegas antes a tu destino, algo que todos agradecemos cuando vamos con el tiempo justo.
Es muy probable que en los próximos años veamos cómo muchas de las rotondas por las que pasas cada día se transforman en turborotondas. Ahora que ya sabes cómo funcionan y cuáles son sus ventajas, podrás afrontarlas con total tranquilidad. Verás cómo, una vez que te acostumbras, te preguntarás por qué no se inventaron mucho antes para hacernos la vida más fácil a todos los que nos ponemos al volante a diario.








