Tráfico: El destino que no quiere ningún Guardia Civil

La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil atraviesa una crisis histórica por la falta de relevo.

La estampa del motorista de la Guardia Civil de Tráfico es un icono en nuestras carreteras. Siempre han sido el espejo donde se miraban muchos aspirantes: prestigio, presencia y un servicio fundamental para que todo el mundo llegue sano y salvo a casa.

Sin embargo, algo está cambiando de forma drástica en el seno de la Benemérita. Lo que antes era un destino soñado, hoy se ha convertido en una opción que muchos agentes prefieren evitar. Las plazas para patrullar nuestras carreteras se quedan vacías. ¿Cómo puede esta unidad histórica estar viviendo uno de sus momentos más críticos?

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El riesgo de quedarnos sin agentes de carretera

Así se enciende un coche que ha estado parado por mucho tiempo
Fuente: Agencias

Si esta tendencia sigue así, el problema lo vamos a tener todos. Si nadie quiere ser Guardia Civil de Tráfico, las plantillas serán cada vez más cortas. Esto significa menos patrullas en la carretera, menos controles y menos auxilio en caso de avería o accidente. La seguridad vial no se mantiene sola con cámaras y radares; hace falta el factor humano para gestionar la complejidad real del tráfico.

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El sistema actual necesita una reforma profunda. No basta con hacer campañas de publicidad para intentar recuperar el prestigio de esta división de la Guardia Civil. Lo que hace falta es que ser agente de tráfico vuelva a ser atractivo desde un punto de vista laboral. Esto pasa por mejorar salarios, actualizar complementos que llevan décadas congelados y garantizar unos turnos que permitan a los agentes tener una vida fuera del cuartel.

Si no se cuida a quien nos cuida en el asfalto, la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil corre el riesgo de convertirse en un recuerdo de lo que un día fue una de las mejores unidades del mundo.

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