Tráfico: El destino que no quiere ningún Guardia Civil

La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil atraviesa una crisis histórica por la falta de relevo.

La estampa del motorista de la Guardia Civil de Tráfico es un icono en nuestras carreteras. Siempre han sido el espejo donde se miraban muchos aspirantes: prestigio, presencia y un servicio fundamental para que todo el mundo llegue sano y salvo a casa.

Sin embargo, algo está cambiando de forma drástica en el seno de la Benemérita. Lo que antes era un destino soñado, hoy se ha convertido en una opción que muchos agentes prefieren evitar. Las plazas para patrullar nuestras carreteras se quedan vacías. ¿Cómo puede esta unidad histórica estar viviendo uno de sus momentos más críticos?

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Conciliación casi imposible y gran desgaste físico

Fuente: Europa Press

Otro factor que pesa mucho en la decisión de no querer ir a la Guardia Civil de Tráfico es la calidad de vida. No es un trabajo limpio ni cómodo. Tienes que estar disponible en momentos de máxima presión. Cuando hay operaciones salida, puentes o grandes eventos, los agentes de tráfico son los que menos descansan. Esto destroza cualquier intento de conciliación familiar. Si tienes hijos o quieres pasar tiempo con los tuyos, este destino se convierte en un enemigo difícil de vencer.

El desgaste físico es otro asunto que no se puede dejar de lado. Ocho horas encima de una moto con temperaturas que superan los cuarenta grados en verano o que bajan de cero en invierno. El equipo que llevan es pesado y, aunque les protege, no hace que el clima sea más llevadero. Las condiciones extremas pasan factura al cuerpo con el paso de los años. Muchos veteranos acaban con problemas de espalda, articulaciones y un cansancio crónico que no se cura con un fin de semana libre. Si el sistema no ofrece turnos razonables ni plantillas suficientes para repartir la carga, el destino acaba pareciendo más un castigo que una oportunidad profesional.