Tráfico: El destino que no quiere ningún Guardia Civil

La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil atraviesa una crisis histórica por la falta de relevo.

La estampa del motorista de la Guardia Civil de Tráfico es un icono en nuestras carreteras. Siempre han sido el espejo donde se miraban muchos aspirantes: prestigio, presencia y un servicio fundamental para que todo el mundo llegue sano y salvo a casa.

Sin embargo, algo está cambiando de forma drástica en el seno de la Benemérita. Lo que antes era un destino soñado, hoy se ha convertido en una opción que muchos agentes prefieren evitar. Las plazas para patrullar nuestras carreteras se quedan vacías. ¿Cómo puede esta unidad histórica estar viviendo uno de sus momentos más críticos?

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El fin de un prestigio histórico en la Guardia Civil

dgt guardia civil documentación
Fuente propia/IA

Durante décadas, entrar en la Guardia Civil de Tráfico no era nada fácil. Los agentes sentían que formaban parte de una élite dentro del cuerpo, con una formación especializada y un respeto ganado a pulso en el asfalto. Hoy, ese brillo parece haberse apagado. Ya no se ve como un premio, sino como una carga que no compensa. La última convocatoria ha encendido las alarmas al haber muchos problemas para cubrir sus vacantes. Una situación que casi no tiene precedentes en la historia de la institución.

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Cuando una especialidad con tanto peso empieza a perder el interés de los propios miembros, está claro que el problema es del sistema. Muchos piensan que el sacrificio que exige estar en la carretera no compensa con lo que reciben a cambio. El prestigio se ha diluido frente a una realidad mucho más dura.

Patrullar las carreteras no tiene nada que ver con trabajar en una oficina o en otros destinos de seguridad ciudadana. No es solo el peligro de sufrir un accidente mientras persigues a un infractor o auxilias a un conductor. Se trata de estar incontables horas sobre el asfalto, respirando humos, soportando el ruido constante y, sobre todo, enfrentándote a la incertidumbre de qué te vas a encontrar en el próximo kilómetro.

Solo en el año 2025, se registraron más de mil siniestros mortales con una cifra de fallecidos que supera las mil cien personas. A esto hay que sumar casi cinco mil heridos que acabaron en el hospital. Ese es el día a día de un Guardia Civil de tráfico. Ellos son los primeros en llegar a escenas que nadie querría ver. Tienen que gestionar tragedias, avisar a familiares y mantener la calma en situaciones caóticas. Todo ese desgaste mental y físico debería tener una contrapartida económica y laboral a la altura, pero la verdad es que muchos sienten que se les ha abandonado a su suerte.

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