La Guardia Civil estalla contra la DGT: esta es la razón

La relación entre la Guardia Civil de Tráfico y la DGT ha saltado por los aires tras obligar a los agentes a realizar tareas que interfieren en sus funciones.

La relación entre la Guardia Civil y la DGT lleva tensa desde hace décadas, pero la situación parece que va a peor. De hecho, atraviesa uno de sus peores momentos históricos. La Asociación Unificada de Guardias Civiles denuncia que los agentes están hartos de que se les trate de una forma que consideran injusta y, sobre todo, poco profesional.

El conflicto ha llegado a un punto de no retorno debido a una serie de decisiones de gestión que han dejado a los guardias en una situación límite.

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De ayudar al conductor a ser máquinas recaudatorias

Agente Guardia Civil
Fuente propia/IA

La Guardia Civil denuncia que la filosofía de la DGT ha cambiado en la última década. Sienten que ahora se les presiona para que su prioridad sea poner multas y aumentar la recaudación. Esto ha provocado un deterioro enorme en la imagen que el ciudadano tiene de ellos, y también en su propia motivación personal.

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Nadie se mete en la guardia civil de tráfico para ser una caja registradora. Los agentes quieren sentirse útiles y valorados por la sociedad. El hecho de que la administración parezca priorizar el número de sanciones sobre el número de auxilios realizados les genera una crisis de identidad profesional muy profunda. Sienten que se ha perdido ese cariño que mencionan las asociaciones y que el organismo oficial solo se acuerda de ellos para exigirles resultados económicos o para que solucionen problemas como el traslado de las motos que mencionamos antes.

Todo este cúmulo de problemas tiene una consecuencia muy clara y muy preocupante para el futuro. Hace años, entrar en la Agrupación de Tráfico era un honor y una de las metas más deseadas por los nuevos alumnos de la academia de la Guardia Civil. Hoy en día la situación es la contraria. Tráfico se ha convertido en uno de los destinos menos solicitados. De hecho, muchas de las plazas que se ofertan cada año quedan vacías porque nadie quiere ir allí.

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Los nuevos guardias civiles ven las noticias, escuchan a sus compañeros y se dan cuenta de que las condiciones laborales en Tráfico son muy duras. Turnos complicados, trabajar bajo el sol abrasador o el frío intenso, la presión por las multas y ahora encima tener que hacer tareas de transporte que no les corresponden. Prefieren otros destinos donde se sientan más respetados y donde su horario les permita tener una vida familiar normal. Si no se soluciona el conflicto con la DGT, corremos el riesgo de quedarnos sin suficientes agentes en unos pocos años.

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