Con la llegada del invierno, arrancar el coche por la mañana se convierte para muchos conductores en una pequeña batalla diaria contra el frío, el hielo y la prisa. La Guardia Civil lleva tiempo alertando de uno de los errores más comunes al arrancar el coche en invierno. Lunetas cubiertas de escarcha, parabrisas congelados y motores que parecen protestar más de lo habitual forman parte del paisaje habitual de esta época del año.
En ese contexto, es fácil caer en malos hábitos que, aunque parezcan inofensivos, pueden acabar saliendo muy caros. Un gesto que se repite cada mañana en miles de vehículos y que no solo puede provocar averías costosas, sino también sanciones e incluso riesgos graves para la seguridad vial. Entender por qué este fallo es tan peligroso es clave para evitar disgustos innecesarios cuando bajan las temperaturas.
3El riesgo económico: averías que no salen baratas
Acelerar en frío no solo afecta al motor. También puede dañar otros sistemas, como el turbo, especialmente sensible a la falta de lubricación en los primeros instantes tras el arranque. Un turbo averiado puede suponer una factura de miles de euros, una cantidad que nadie quiere asumir por un mal hábito matutino.
Además, este tipo de conducción en frío incrementa el consumo de combustible y las emisiones contaminantes. A largo plazo, también afecta al sistema de escape, al catalizador y al filtro de partículas. Es decir, un simple error al arrancar el coche en invierno puede traducirse en un cúmulo de problemas mecánicos y económicos que la guardia civil no se cansa de advertir.








