La baliza V16 nació con el objetivo de mejorar la seguridad vial y evitar que los conductores tengan que jugarse la vida al bajar del coche para colocar los tradicionales triángulos de emergencia. Pero lo que se presentó como un avance tecnológico clave para reducir atropellos en carretera ha abierto un debate sobre privacidad, seguridad y posibles usos indebidos ya perseguidos por la Guardia Civil.
La Benemérita teme la información que genera. Aunque reconoce la utilidad del sistema para coordinar emergencias, también alerta de un creciente riesgo: la geolocalización en tiempo real de los vehículos averiados puede convertirse en un imán para las conocidas como grúas pirata. Y, en el peor de los casos, para delincuentes organizados que buscan víctimas vulnerables en carretera.
1La geolocalización, en el centro de la polémica
Cuando un conductor activa una baliza V16, su señal llega automáticamente a la Dirección General de Tráfico. Esa ubicación se integra en el mapa de movilidad e incidencias junto a datos como obras, retenciones, accidentes o condiciones meteorológicas adversas. Sobre el papel, el sistema permite una respuesta más rápida y eficaz por parte de los servicios de emergencia y de asistencia en carretera.
Pero según advierte la Guardia Civil, el problema es que esa información no se queda solo en manos de la DGT. Ya existen páginas web y plataformas que extraen los datos de las balizas activas y los muestran en mapas en tiempo real, accesibles para cualquier persona. ¿El resultado? Cualquiera puede saber dónde hay un coche retenido en el arcén y acudir hasta allí sin que el conductor haya solicitado ayuda alguna.








