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miércoles, 4 marzo 2026

Javier (55), conductor de grúa: ‘Casi la mitad de servicios que hago en invierno es por una pieza que si cuidas, te puede durar media vida’

El frío dispara las asistencias en carretera. La batería es la causa de casi la mitad de los avisos a la grúa. Un mantenimiento básico puede alargar su vida durante años.

El invierno no solo pone a prueba la paciencia de los conductores; también exprime al máximo la mecánica del coche. Las bajas temperaturas, la humedad, las heladas y los trayectos cortos dibujan el escenario perfecto para que aparezcan averías que, en muchos casos, podrían haberse evitado con una revisión a tiempo. Quien mejor conoce esta realidad es Javier, conductor de grúa desde hace más de tres décadas, que cada temporada fría repite el mismo diagnóstico: la batería sigue siendo la gran protagonista de las asistencias en carretera.

Los datos lo confirman. Más del 40% de los avisos que reciben los servicios de asistencia en invierno están relacionados con fallos en el sistema de arranque, y en la mayoría de los casos el origen está en una batería descargada o en mal estado. Lo llamativo es que se trata de una pieza que, bien cuidada, puede durar muchos años y evitar al conductor no solo quedarse tirado, sino también el coste de una intervención de emergencia y el estrés que supone llamar a la grua en el peor momento.

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La batería: la gran enemiga del invierno

batería coche
La batería es uno de los elementos más sensibles del coche | Fuente: propia / IA

“En cuanto bajan las temperaturas empiezan los problemas”, explica Javier. No es casualidad: el frío reduce la capacidad de la batería y aumenta el esfuerzo necesario para arrancar el motor. Si a eso se le suman trayectos cortos —que no permiten que se recargue— o periodos largos con el coche parado, el resultado suele ser el mismo: llamada a la grúa.

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Durante los meses de diciembre, enero y febrero se concentra el mayor número de asistencias relacionadas con este componente. En muchos casos, el coche funcionaba aparentemente bien el día anterior, pero tras una noche especialmente fría el motor no responde. No se trata de una avería repentina, sino del desenlace de un desgaste progresivo que el conductor no ha detectado a tiempo.

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