El precio de la gasolina y el diésel en España no termina de moderarse, a pesar de las medidas fiscales que el gobierno aprobó a mediados del mes de marzo para contener la crisis energética. La situación en Oriente Medio sigue siendo de incertidumbre y el estrecho de Ormuz no ha recuperado su actividad, pues ahora mismo solo está permitido el paso para los barcos que Irán autoriza.
Cualquier movimiento sobre el terreno puede subir o bajar el precio del barril de Brent, lo que tiene consecuencias directas en los surtidores, aunque esas subidas y bajadas tarden unos días en verse reflejadas.
Sea como sea, hay compañías que ya han empezado a tomar medidas para contener la crisis energética. Por ejemplo, Lufthansa ha decidido dejar en tierra una veintena de aviones para anticiparse al aumento de costes. Así que Europa empieza a prepararse, no porque el racionamiento sea inminente, sino porque existe una hoja de ruta en situaciones de crisis energética. Y España, con unas reservas estratétigcas limitadas, no sería ninguna excepción.
1¿Cómo sería el racionamiento de gasolina si se produce el peor escenario?
Antes de hablar de restricciones en el suministro de gasolina y diésel, hay un paso previo, que es bastante lógico y pasa por reducir el consumo de manera voluntaria. Por ejemplo, usar menos el coche, compartir trayectos, utilizar el transporte público y practicar una conducción mucho más eficiente.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado una lista de medidas para ahorrar combustible, donde incluye el teletrabajo o el uso del transporte público. También hay otra medida que reduciría entre un 5 y un 10% del consumo total, como es reducir la velocidad máxima de 120 a 110 km/h. De hecho, en España ya tuvimos una medida así en el año 2011 (solo durante unos meses) para ahorrar gasolina y diésel.
Si reducimos la velocidad, baja el consumo, y es una manera directa de reducir la demanda sin prohibir el uso del coche.
Y en un hipotético caso de que la situación se complique y hubiera que racionar la gasolina y el diésel de alguna manera, echaríamos mano de la tecnología. Ya se habla de un sistema basado en aplicaciones móviles y códigos QR para fijar un límite diario de repostaje por vehículo. En la práctica, que cada conductor solo podría repostar una cantidad concreta de gasolina o diésel al día.
No parece que estemos cerca de ese escenario tan al límite, y además los precedentes en otros países apuntan a escenas que hemos visto ya en televisión, como largas colas en las gasolineras, intentos de llenar depósitos antes de tiempo y, en algunos casos, un mercado paralelo.

