Viajar por autovía o autopista en España tiene una constante: repostar sale más caro. Basta con desviarse unos pocos kilómetros hacia un polígono industrial o una carretera secundaria para comprobar cómo el precio por litro del carburante puede bajar de forma notable. Y entonces surge la gran pregunta: ¿por qué no hay prácticamente ninguna gasolinera low cost en las vías de alta capacidad?
La respuesta no tiene que ver con la calidad del combustible ni con supuestas limitaciones técnicas. El motivo es mucho más simple y está ligado al dinero, a la política de concesiones y a un modelo de negocio que favorece claramente a las grandes petroleras. Un sistema que, en la práctica, cierra la puerta a la competencia y deja al conductor con pocas alternativas cuando más las necesita.
5Reducción de costes como clave del éxito
Otro de los pilares del modelo low cost es la reducción de gastos operativos. Muchas de estas gasolineras funcionan en régimen de autoservicio, con máquinas de pago y una presencia mínima de personal. No es casualidad: el coste laboral puede suponer hasta el 60% de los gastos totales de una estación de servicio tradicional.
Además, suelen estar asociadas a grandes superficies comerciales o zonas de alta rotación, donde el combustible actúa como reclamo para atraer clientes. En autopista, esa estrategia no tiene sentido. El conductor no va a hacer la compra semanal en un área de servicio, y los costes adicionales de restauración, mantenimiento y personal encarecen todavía más el negocio.







