Viajar por autovía o autopista en España tiene una constante: repostar sale más caro. Basta con desviarse unos pocos kilómetros hacia un polígono industrial o una carretera secundaria para comprobar cómo el precio por litro del carburante puede bajar de forma notable. Y entonces surge la gran pregunta: ¿por qué no hay prácticamente ninguna gasolinera low cost en las vías de alta capacidad?
La respuesta no tiene que ver con la calidad del combustible ni con supuestas limitaciones técnicas. El motivo es mucho más simple y está ligado al dinero, a la política de concesiones y a un modelo de negocio que favorece claramente a las grandes petroleras. Un sistema que, en la práctica, cierra la puerta a la competencia y deja al conductor con pocas alternativas cuando más las necesita.
3El dominio de las grandes petroleras
Este sistema de concesiones favorece claramente a las grandes petroleras tradicionales. Repsol, Cepsa o BP cuentan con una enorme capacidad financiera que les permite asumir inversiones multimillonarias sin comprometer su viabilidad. Para ellas, una gasolinera en autopista no es solo un punto de venta, sino una pieza estratégica dentro de una red nacional.
La consecuencia directa es una falta de competencia real. Cuando en un tramo de autopista solo operan una o dos grandes marcas, el precio del combustible tiende a ser más alto. No hay incentivos para ajustar márgenes porque el flujo de vehículos está garantizado. El conductor necesita repostar y no siempre puede permitirse abandonar la vía para buscar una gasolinera más barata.







